Hay películas que parece que hayan sido hechas para ti. El atlas de las nubes es para muchos una de esas películas, y os voy a contar por qué. Así que abrid vuestras mentes, buscad el sexteto del atlas de las nubes en youtube y dadle al play.

“Nuestras vidas no nos pertenecen. Estamos unidos a otros en el pasado, en el presente. Y con cada crimen, con cada gesto amable, alumbramos nuestro futuro”

El atlas de las nubes está inspirada en la novela homónima de David Mitchell (2004), y presenta seis historias que transcurren en momentos y lugares históricos distintos: desde las tribulaciones sobre la esclavitud de un abogado americano a finales del siglo XIX hasta las luchas internas de un supersticioso aldeano para abandonar sus más profundos miedos en un futuro post-apocalíptico. Lo bonito de todo esto es que cada una de las historias, de un modo u otro, está conectada con la siguiente y se influencian entre sí en una bella metáfora sobre la unión entre personas, la naturaleza de la verdad  y la esperanza en una libertad que puede llegarnos no esta vida pero sí en la siguiente, en función de la bondad de nuestros propios actos. En el camino, la película recrea fielmente los pasajes de la obra de Mitchell y nos lleva, de la mano de un inigualable reparto y acompañado por una preciosa banda sonora original compuesta en parte por el propio co-director Tykwer (Corre Lola corre, 1998 o El perfume, 2006), por diversidad de escenarios que hacen de esta película un verdadero regalo para los amantes del cine.

Disfrutarla, sin embargo, parece ser tarea compleja para un público que o bien no alcanza a entenderla del todo o que la tilda de compleja y artificiosa, lo que la propinó un buen batacazo en taquilla y la llevó a recibir críticas y valoraciones enfrentadas. Por otro lado, muchos defensores de el atlas de las nubes la describen como una película tremendamente infravalorada, especial y en ocasiones incluso trascendental  (al menos tanto como una película pueda ser). No en vano las hermanas Wachowskis consideran que, con el tiempo, serán recordadas por ésta y no por otras de sus producciones entre las que se cuentan pelotazos como Matrix (1999). Si hay algo en lo que nos podemos poner de acuerdo es que pocas películas han polarizado tanto, pocas tienen tanta facilidad para o bien generar rechazo entre sus espectadores o llegar a sus corazones, lo que quizás hable menos de la película y más del perfil de dos grupos de personas: los que están muertos por dentro de un lado y, por el otro, mis amigos. Intentaré ser objetivo.

Robert Frobisher (Ben Whisaw)

“Escribí movimientos enteros imaginando que nos encontrábamos una y otra vez en vidas diferentes, en épocas diferentes”

En música un sexteto es una pieza para seis instrumentos o seis voces. Durante la película, el sexteto del atlas de las nubes es una obra compuesta por Robert Frobisher, uno de los personajes principales. Metafóricamente el sexteto representa la novela misma de Mitchell, contada de seis maneras distintas pero con un motivo común. El atlas de las nubes encierra un solo mensaje, que podría ser la lucha contra la injusticia, la opresión o la envidia. Estos atributos están distintamente representados en seis historias muy diferentes, y contra ellos se alzan unos personajes conectados los unos con los otros. Al igual que el sexteto musical se repite, se adorna y va cambiando pero sin perder su esencia, las seis historias del atlas se influencian y entrelazan entre sí por algún elemento común. El diario del abogado Adam Ewing inspira la obra de Frobisher, cuya opera magna acaba siendo escuchada por la periodista Luisa Rey. Un artículo sobre su investigación acerca de una conspiración nuclear llega a manos del editor Timothy Cavendish, cuyas aventuras para escapar de una residencia de ancianos se convierten en película e influencian en el futuro a Somni, una suerte de clon, para no dejarse avasallar. El sacrificio de Somni se convierte en religión en el futuro post-apocalíptico donde el “vallesino” Zachry se enfrenta a sus demonios.

Todo está conectado

Al igual que las notas que componen el principal tema del sexteto son siempre las mismas, todos los protagonistas se identifican por portar una característica marca de nacimiento con forma de cometa en algún lugar de su cuerpo, que se irá revelando conforme avanza la película y que nos plantea la idea de la reencarnación o el viaje del alma a través de los tiempos. Todo esto, que ya es una genialidad, proviene de la novela y sirve como contexto narrativo para que la película haga su magia.

Somni-451 (Bae Doona) y el rebelde Chang (Jim Sturgess)

“Todas las fronteras son convenciones que esperan ser superadas”

Rodar el atlas de las nubes, en su día considerada inadaptable para el séptimo arte, suponía un reto mayúsculo: hacer seis películas en una sola, cada una de ellas ambientada en escenarios y eras particulares. Cada historia tiene además su propio tono, a saber: aventura, drama, suspense, comedia y acción (mucha acción, sobre todo en la épica futurista de Somni-451) . Y, aunque las historias individuales son entretenidas y técnicamente funcionan bien, no son en sí mismas más memorables que otras películas de su mismo género. Lo que eleva a esta producción es la armonía con la que las historias se entrelazan, la sinfonía que el mosaico crea en su conjunto.

A diferencia de cómo esta estructurada la narración en el libro, en el que las seis historias se presentan cronológicamente para más tarde cerrarse en orden inverso a modo de muñeca rusa, los directores optaron por intercalarlas. La labor de encontrar los puntos de conexión entre las partes del guión merece especial mención y es posiblemente, junto a la fotografía, lo mejor y más disfrutable de la película. Sobre todo porque ofrece la posibilidad de jugar con un sinfín de rimas y paralelismos visuales, narrativos, musicales y emocionales, que enriquecen la historia principal y la dotan de una unidad y un sentido que la distingue. Esto es algo que se disfruta especialmente en posteriores visionados, un delicioso ejercicio en el que te descubrirás sonriendo al encontrar los sutiles hilos que lo conectan todo. Así, cuando los personajes de una historia se enamoran, lo hacen también los de la siguiente. Un túnel se inunda en el futuro mientras un coche cae al mar en el pasado. Los disparos de una escena son los truenos que introducen la escena posterior. Cuando la muerte aparece, se lleva a personajes de distintas generaciones consigo. Lo sutil, como muchas otras veces, encierra maravillas que hacen que ir al cine merezca la pena.

Adam Ewing y Robert Frobisher encaminándose hacia aquello contra lo que se terminarán rebelando.

“Ésa es. La música de mi sueño”

No muchas películas pueden presumir de reunir a un reparto del mismo nivel. Cada una de las historias cuenta con su propio actor protagonista, encabezados por Tom Hanks (Zachry) y Halle Berry (Luisa Rey). No se quedan atrás Jim Sturgess (Adam Ewing), Bae Doona (Somni), Jim Broadbent (Cavendish) ni Ben Whisaw (Frobisher), así como tampoco varios secundarios de lujo entre los que destacan Hugo Weaving (especialmente como el viejo Georgie), Susan Sarandon, Hugh Grant (tremendo caníbal), Keith David o James D´Arcy (como Sixsmith). Lo original de todo esto es que dichos actores no se limitan a sus respectivos papeles en su historia principal, si no que también participan en el resto de ellas como personajes secundarios. Esto  conecta a los personajes y profundiza en la idea del alma viajando a través de los tiempos, lo que se le puede hacer bola a según que espectadores que pasarán más tiempo tratando de descifrar las encarnaciones de cada personaje en lugar de disfrutar de la historia en su conjunto. En el juego de edición que comentábamos anteriormente, el recurso de recuperar a los actores para las distintas historias de nuevo cede al montaje nuevos puentes de conexión entre escenas ligadas por las actuaciones del mismo actor, que en muchas ocasiones resultan hasta difíciles de reconocer (mención especial en este caso para el maquillaje y caracterización de los personajes).

No muy frecuentemente, los actores juegan también un papel fundamental en la realización de las películas más allá de sus actuaciones. Este fue el caso de el atlas de las nubes, cuya producción estuvo a punto de abandonarse en varias ocasiones por problemas financieros. Fue el entusiasmo del propio equipo, y en especial el de Tom Hanks, el que hizo resurgir el proyecto de entre sus cenizas para llevarlo a buen puerto. Así, el atlas se convirtió en una de las películas independientes más caras de la historia (y la única película de las que haya hecho Tom Hanks que el propio actor haya visto más de dos veces; es palabra de Tom, te alabamos señor).

El viejo Georgie (Hugo Weaving)

“Creo que hay otro mundo esperándonos Sixsmith. Un mundo mejor. Y estaré esperándote en él”

En definitiva, si eres capaz de disfrutar de algo bello sin tener que entenderlo del todo, te gustará el atlas de las nubes. A aquellos que nos declaramos admiradores sólo nos queda el consuelo de esperar que el tiempo la ponga en su lugar, quizás no como obra maestra del cine, pero sí como una demostración de cine valiente y ambicioso en el esfuerzo de fabular algo bonito, una parábola sobre lo que sea que nos une a las personas. Una película de esas que reconforta el alma. Al acabarla no quedarás indiferente. Quizás te sientas arropado por el sentimiento de que tal vez formemos parte de algo más grande que nosotros mismos, al igual que el mensaje de la película es mayor que el de la suma de sus seis historias. A un nivel menos profundo, el rato de charleta con tus amigos descubriendo qué actor figuraba en cuál historia, o las relaciones entre ellos y su evolución te proporcionará también algo que recordar, que es al fin y al cabo de lo que se trata.

El sexteto, por su parte, cierra con las sencillas notas de piano que lo vieron nacer. Porque al fin y al cabo todo vuelve a empezar, de una forma o de otra. Es tan solo una película. O tal vez sea algo más.