Empezar a ver El viaje de Chihiro es adentrarnos en un viaje espiritual, a lo más profundo de nosotros mismos, un viaje de autoconocimiento. Y esto es también precisamente lo que experimenta la pequeña protagonista de la película a la que hacemos referencia.

El Viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001) es la obra que logró posicionar definitivamente al anime en el mapa del séptimo arte y que este género se hiciera relevante en todo el mundo, pero no solo eso, porque El viaje de Chihiro es mucho más que una película. Es una obra de arte cargada de lecturas y de sentidos.

Esta película nos cuenta la historia de una niña de diez años llamada Chihiro que durante una mudanza se ve atrapada en un mundo mágico y sobrenatural, aceptando la misión de buscar su libertad y la de sus padres y así poder regresar a su mundo.

Ganó el Oscar a mejor película de animación, está considerada una de las mejores películas del siglo XXI y hasta que llegó Your Name fue el anime más taquillero de la historia. Además, cuenta con la ventaja fundamental de que hoy, casi 20 años después de su estreno, sigue estando en boga y sigue siendo objeto de debate y discusión. Tanto es así, que recientemente ha sido reestrenada en algunos cines de nuestro país, lo que me ha dado la oportunidad de poder disfrutar de esta maravillosa cinta en pantalla grande, 4K y versión original y dejarme llevar por la fantasía.

Y es que El Viaje de Chihiro no envejece, es una película totalmente atemporal y visualmente espectacular. Una animación perfecta que aúna lo digital y lo artesanal, una banda sonora capaz de transportarte a un estado onírico y una profundidad y una cantidad de detalles que la hacen perfecta para ser revisionada.

El viaje de Chihiro nace de una etapa en la que el Estudio Ghibli atravesaba ciertos problemas económicos y, ante esta y otra dificultades, Miyazaki reflexiona sobre la crisis de valores de la sociedad moderna, el valor del trabajo y el devenir de una sociedad cada vez menos espiritual.

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Así, somos testigos de un mundo en el que la tradición y la espiritualidad (representados por todo lo que suceden en el entorno de la casa de baños) viven separados de nuestra realidad y nos vemos enmarcados en una viaje en el que una niña aparentemente normal se convierte en una heroína tras encontrar su verdadero yo.

Y aquí está la clave de esta película. El viaje de Chihiro se presta a múltiples interpretaciones, pero, bajo mi punto de vista el mensaje principal de la película se desarrolla en torno a la construcción de la identidad de cada uno, la importancia de saber quién eres y ser capaz de descubrirnos a nosotros mismos, lo que siempre es una gran hazaña.

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Una explicación de El viaje de Chihiro: un viaje espiritual de autodescubrimiento

En realidad son muchos los palos que toca Miyazaki en esta película: la superación personal, la madurez, la importancia de ser uno mismo, la cultura del esfuerzo y el trabajo, el valor de la amistad… pero la gran constante de la película es no olvidarnos de quiénes somos realmente, algo que se ve evidenciado por cómo Yubaba, la gran villana de la historia, roba las identidades de los personajes, sus nombres, para desprenderles de su verdadero yo.

En cuanto a esto, cabe destacar que en japonés Chihiro significa “miles de búsquedas”, mientras que Sen, el nombre que le otorga Yubaba, sólo significa “mil”.

Si nos adentramos un poco más en los posibles significados de la película, Chihiro representa durante toda la historia el anhelo espiritual, mientras que Yubaba representa lo que podríamos considerar como el “ego” y Haru, otro de los personajes fundamentales, representa la capacidad de transformación (se convierte de forma humana a dragón) y la capacidad de derrotar a la tiranía y al ego, a Yubaba.

Respecto a esto, hay dos momentos clave en el transcurso de la historia, uno cuando Chihiro reconoce a Haru y le devuelve su identidad, su verdadera naturaleza y otro cuando supera la prueba de los cerdos y sabe que ahí no están sus padres. Ya no se deja engañar por Yubaba, por el ego. Tras todo su viaje por fin es libre.

Y es que a lo largo de toda su travesía Chihiro ha sido capaz de percatarse de sus fortalezas y habilidades. Fortalezas innatas pero que no aparecen hasta que no se conoce a sí misma. Gracias al autodescubrimiento Chihiro pasa de ser una niña atemorizada y miedosa, que teme al cambio y a los retos a ser una joven valiente y decidida, capaz de sacrificar su seguridad por ayudar a los demás y descubrir la verdadera amistad y el verdadero amor.

Y así los espectadores somos testigos de una profunda reflexión sobre los valores que comentábamos anteriormente y sobre la trasformación espiritual de una niña de 10 años en una historia de fantasía pero que bien podríamos aplicar a nuestras vidas para seguir avanzando y dibujando el camino de nuestra propia historia.

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