Se7en, película de David Fincher protagonizada por Brad Pitt y Morgan Freeman junto a Kevin Spacey como antagonista. Poco más se puede decir con este reparto y 24 años después de su estreno. Aunque siempre se pueden sacar nuevos temas como, por ejemplo, el tratamiento del color durante la última escena.

Se7en es una película visualmente cuidada por su director, David Fincher. Sus colores tenues y desaturados anticipan el tono de la película ya incluso en los créditos iniciales. Estos junto al uso de los planos y los objetos en escena, acompañan a la perfección a los personajes y a sus personalidades. En este caso, la película nos hablará de un asesino perturbador, inestable y sádico.

La presentación inicial de los personajes nos muestra a dos detectives opuestos y contrarios; William Somerset, un detective metódico y cuidadoso, y David Mills, un detective impulsivo e inexperto, una dualidad de personajes muy bien llevada.

 

FRÍOS Y APAGADOS

Durante la película, los tonos de color son oscuros, apagados y en mayor parte, fríos. Además, se muestra una ciudad fría y lluviosa en todo momento, cosa que acompaña al tono de la trama.

EL AMARILLO

Sin embargo, a la hora y media de película, cuando John Doe llega a la Comisaría de Policía, es donde toda esta teoría de los colores cambia. La paleta de colores utilizada es muy diferente a la que vemos en el resto de la película. El color amarillo saturado entra en escena, curiosamente cuando el asesino se personificará ante los detectives.

Este es el primer plano con tanta luz y tanto color. A partir de aquí, los colores entran poco a poco en el encuadre, haciendo evidente el desenlace y, por ende, el clímax de la película.

 

DOE Y EL ROJO

El color rojo será el próximo protagonista, más concretamente cuando aparece Doe.

El rojo destaca entre tanta oscuridad y tanto color oscuro. Obviamente quien lleva este color es Doe, color que también podemos ver en su apartamento o incluso en su puerta.

También podemos apreciarlo en la cafetería donde Tracey y Somerset hablan. ¿Será que Tracey tendrá que ver con Doe más adelante? Quien sabe.

Con estas pistas podríamos decir que el color rojo está relacionado con John Doe y su sed de sangre, con todo lo que conlleva el perfil de asesino (sádico, enfermo, psicópata e inestable).

A partir de este punto, la paleta de colores es muy diferente, recurso que potenciará y agravará la intriga y el suspense.

 

JOHN DOE Y SUS DOS ÚLTIMAS OBRAS MAESTRAS

Volviendo a la comisaría, vemos que el día se ha despejado y asoma el Sol por primera vez en la ciudad. Los detectives y el asesino ponen rumbo hacia el lugar donde John les dirige. Una vez más, otra pista que Fincher nos deja. Buen tiempo en lugar de nubes y lluvia.

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Además del tratamiento del color y de la luz, los planos empiezan a cobrar importancia. La única barrera que separa a los detectives del asesino es una reja policial, sin embargo, los planos se cierran hasta ser primerísimos primeros planos, creando una incomodidad palpable en el ambiente a pesar del tono tranquilo de la conversación.

A las afueras de la ciudad no hay tráfico, no hace mal tiempo y todo parece tranquilo pero, aun así, empieza a sonar música de suspense. Somerset entabla conversación con el detenido, quien ha estado observando la escena y es aquí la cordura y la sensatez, el que se toma las cosas con seriedad mientras que Mills no para de decirle a John que está chiflado, juzgándole.

Cuando John Doe da su discurso como “justiciero” por haber hecho del mundo un lugar mejor sin todos los pederastas, violadores y putas rodando por el país, el plano llena la pantalla. Ahora vemos a Doe directamente cara a cara, sin ser a través del retrovisor. Poco a poco se enerva, la ira le come y se enzarza con Mills. Somerset sigue sin perder el control y la calma porque sabe lo que está pasando. Sin embargo, Mills no para de repetirle cómo será el mundo después del encarcelamiento de Doe, quien nadie recordará, sin saber que John Doe está jugando con él. Los planos no se abren más allá de planos medios cortos.

Finalmente el plano se abre y vemos como el escenario ha cambiado totalmente. De una ciudad oscura y sin apenas color y lluvia todo el día pasamos a las afueras de la ciudad y un Sol de justicia, donde no hay prácticamente nada ni nadie, todo lo contrario a la gran ciudad donde se encontraban.

El único color que destaca entre los colores mostaza y azul del cielo y de los demás elementos (paisaje y ropa) es el color de la vestimenta de Doe, un rojo saturado. La música acompaña el momento y los planos cerrados se centran en las conversaciones entre los personajes mientras que los planos generales ubican al espectador. Un juego picado de planos acorde a la escena.

Para la última secuencia se utilizan planos picados, contrapicados, primeros planos, planos detalle, contrastes, cámara en mano, … Recursos que potencian y agravan la intriga y el suspense. Nos cuelan entre los personajes y nos hacen espectadores en primera fila para hacernos testigos directos del discurso y la confesión de Doe. Somerset, el detective metódico, pierde toda templanza al ver el contenido de la caja, atando cabos y entendiendo por fin lo que el asesino pretendía desde un principio y sobretodo, la conducta humana. Cuando Doe habla, el ángulo de la cámara, el plano y el Sol detrás le proporcionan un aura mágica y angelical, reforzando así su discurso.

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Mientras éste se confiesa a Mills –más que una confesión, parece una narración- de fondo se escucha a Somerset chillar a su compañero que tire la pistola. Dos puntos extremos que observamos a la vez, que bien podría ser un contrapunto. Mills a su vez, desorientado y sin saber qué está pasando, observa la escena. Todos estos elementos refuerzan el hacer caer todo el peso de la intriga a hombros del espectador.

A medida que avanza la escena vemos a Doe cada vez más calmado sabiendo que está consiguiendo su objetivo, a Mills perdiendo cada vez más los nervios y a Somerset totalmente desbocado corriendo y chillando a Mills, como nunca antes lo habíamos visto. Aquí la cámara en mano refuerza el nerviosismo y la ansiedad sobretodo en los planos de Mills y Somerset. En los planos donde Doe aparece, la cámara se muestra fija, sin apenas movimientos.

Un primerísimo primer plano de Mills nos obliga a verle directamente a los ojos, a ver su sufrimiento y su angustia, a ver la incertidumbre que le come por dentro de no saber qué hacer, si llevarse por la ira o por la lógica.

A partir de aquí los planos solo muestran los personajes con primeros planos. A medida que avanzan, los planos se cierran cada vez más.

La escena apenas deja respirar y angustia al espectador hasta que el plano se abre cerrando por fin el objetivo del asesino.

La escena sigue y vemos a Mills tiroteando a Doe, quien no aparece en plano, y a Somerset de espaldas a todo lo ocurrido. Ahora Mills es el desbocado y Somerset el que se da por vencido, derrotado. Dos personas completamente desconectadas, incomunicadas.

El plano se abre volviéndonos a hacer espectadores, esta vez desde el helicóptero, del fin de los 7 asesinatos de John Doe.

Los últimos minutos de la película transcurren de noche, volviendo así a la estética habitual de la película. Los créditos finales no son menos y también tienen su particular estilo.

De esta manera concluye una de las escenas más oscuras y con más clímax del film.