En la extensa e intersantísima filmografía de Spike Lee, muy a menudo se desdeña He got game, film que en España vino a llamarse «Una mala jugada». No sabemos si por la temática baloncestística o por qué razón (quizás por ser menos polémica o ruidosa), la cinta suele ser considerada secundaria en la trayectoria del de Brooklyn, aunque es una pequeña joya que no podíamos sino destacar en Cronocine.

 

La película narra (aunque sea solo una excusa para llevarnos a mejores y más complejos lares) como un preso -Denzel Washington- es presionado para influir en la decisión de su hijo de elegir una universidad concreta. Algo que no tendría importancia si no fuese porque el chico (de nombre Jesús) es uno de los mejores jugadores de baloncesto del país y porque él está en la cárcel por matar supuestamente a su propia esposa y madre del chaval. Jesús tendrá que tomar una decisión entre las presiones de su padre, las de un tío que lo ha criado pero que se frota las manos con el dinero que puede llegar y las de las presiones de las distintas universidades y de la propia NBA.

 

Con un reparto sobresaliente con el siempre efectivo Denzel Washington, Milla Jojovich, Rosario Dawson, Ned Beatty, Jim Brown, Ray Allen, Bill Nunn o John Turturro (de nuevo se repiten varios de los nombres habituales de Lee), la cinta utiliza la excusa del siempre llamativo salto al baloncesto profesional en Estados Unidos para hablarnos de cuestiones mucho más profundas. La madurez, la culpa, la independencia, los intereses creados, el racismo institucional, la redención y la libertad en una película en la que uno descubre todo un mundo de mensajes e ideas interesantísimas más allá de las decisiones sobre una carrera profesional.

 

Y como suele suceder encontramos las cámaras grúa, los travellings, los sermones bien escritos y las caras conocidas habituales del fan más acerrimo de los Knicks de Nueva York. He got game es una película notable con todos los tics de y costumbrismos de Lee, sus consabidos nombres propios y en la que el director usa toda su artillería como realizador, dando lugar a una cinta con numerosos recursos estilísticos efectivos que nos recuerdan una y otra vez que aquí el aro y el balón es casi lo de menos.

 

Pero no sólo debemos recomendar He got game de un modo intelectual, sino también emocional. La película es absolutamente efectiva en todo lo que se propone, tiene numerosas lecturas, un reparto estelar, un ritmo adecuado entre momentos más explosivos, diálogos y los recursos propios del cineasta y un final apabullante, emotivo y abrumador. Una cinta memorable que sin llegar a ser una obra maestra llega mucho más lejos en modo y forma que cualquier película que creamos con una temática similar.