Somos muchos los que soñamos con realizar una obra cinematográfica. Plasmar una idea en el papel, tomar una cámara y un par de actores y ponernos a grabar. Parece sencillo al pensarlo, sin embargo, son pocos quienes verdaderamente se atreven a llevar sus ilusiones al abismo de la puesta en escena, a sumergirse en un proyecto de siempre imprevisibles consecuencias como es hacer cine.

Con razón Truffaut decía que el mayor peligro que corre un director es el de perder el control de su obra durante el proceso de realización. Cuántos autores honestos,  incapaces de imponerse a los inevitables fracasos de una jornada de grabación, han caído en el olvido. Cuántas obras maestras sobre el papel se corrompieron durante el rodaje y  nunca vieron la luz. Pocos y auténticos son los maestros que consiguen manejar el caos del plató, aquellos que aceptan padecer por sus ideas, para vivir por ellas, para vivir rodando…

Vivir rodando fue, precisamente, el título con el que llegó a España en 1996 la segunda obra de Tom DiCillo, director, guionista y actor ocasional que junto a Jim Jarmusch se inició en el movimiento independiente del cine americano de los ochenta. Una película que exploraría de forma cómica los intríngulis de estas producciones independientes con una frescura inédita fruto del recorrido de su director hasta entonces.

Poster de Vivir Rodando en su estreno en cines en España.
Poster original de Vivir Rodando a su estreno en España en 1996.
Ilustra el título original de la película
Cartel promocional de Living in Oblivion, título original de Vivir rodando, en referencia a la canción del grupo de synthpop Anything Box.

DiCillo venía de realizar su ópera prima, Johnny Suede (1991), con Brad Pitt como protagonista en uno de sus primeros papeles. Desde entonces, llevaba varios años tratando de sacar adelante el que sería su tercer film, Box of Moonlight (1996), pero se veía imposibilitado, una y otra vez, por la continua falta de presupuesto y por un equipo de trabajo poco comprometido con la obra.

Lejos de desanimarse, DiCillo decidió transformar toda su frustración en impulso creativo. Se puso a escribir y elaboró un guión satírico sobre las experiencias que había estado sufriendo. Primero, pensó en realizar un pequeño sketch con la ayuda de sus amigos y el antiguo equipo de Johnny Suede. Luego el resultado fue tan gratificante que se decidieron a realizar un largometraje con la intención de presentarlo al Sundance Festival, donde ganarían el premio a Mejor Guión en 1995.

Imagen del director Tom DiCillo para marcar la similitud con el director ficticio Nick Reve
 Tom DiCillo autor de Vivir Rodando (Living in Oblivion).

Como DiCillo no quería ir mendigando dinero a las productoras para el proyecto, acordaron que quien quisiera participar lo haría gratuitamente.

No obstante, les entusiasmó tanto la idea que incluso acabarían pagando por actuar y formar parte. Y así, de la frustración a la ilusión compartida, nació Vivir Rodando”.

La historia nos cuenta las desventuras de un equipo de rodaje en su intento de llevar a cabo un film independiente de muy bajo presupuesto. Liderado por Nick Reve, un sufrido director, encarnado genialmente por Steve Buscemi, que llevará sus nervios al límite. Ya sea por los sucesivos accidentes que ocurren en plató o por la incompetencia de los estrambóticos individuos que le rodean.

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Imagen del actor Steve Buscemi frente a un espejo ilustrando que su personaje en la película es un reflejo del autor Tom DiCillo
 Steve Buscemi como Nick Reve, el director alter ego de DiCillo.

Personajes variopintos e hilarantes, desde un descerebrado operador de audio exhibicionista, hasta un director de fotografía hipersensible que gusta de llevar un parche pirata en las grabaciones. Crearán situaciones insostenibles y surrealistas que interrumpirán continuamente las escenas para la desgracia de Nicole Springer. Una talentosa e infravalorada actriz cuya carrera se resume en una escena de ducha con Richard Gere. La brillante Catherine Keener se encarga de darle vida a este personaje que refleja de forma irónica las experiencias sexistas que sufrió en la industria hollywoodiense.

Imagen de la actriz Catherine Keener
 Catherine Keener como Nicole Springer, la actriz protagonista.

Pues, a pesar de lo que pueda parecer, no se trata de otra comedia de gags sobre el cine como aquellas que comenzaban a aflorar en los noventa. La película se desmarca, ya desde un inicio, abriendo con un diálogo jocoso entre los ayudantes de cáterin. En una suerte de parodia y homenaje a todos los sectores invisibilizados que son vitales durante el desarrollo del rodaje.

Reparto de Living in Oblivion ilustrando el punto de los personajes variopintos.
Parte del reparto de Vivir Rodando durante la filmación de una escena en la película.

Presenta un amor honesto por la creación cinematográfica, de aquellos que ya no se ven hoy día.  A lo largo de la cinta acompañamos a los protagonistas en el set de rodaje, en los camerinos, entre bastidores, dentro y fuera del plató.  Aunque realmente son muy pocos los escenarios llegamos a comprenderlos y a vivir cada toma con ellos.

Porque DiCillo te invita a mirar y a formar parte del equipo. Porque el cine es un proceso de gran implicación emocional. Nos lo recuerda, de nuevo, con un arrebatador Buscemi, aquel director que ansía comerse el mundo con una ingenuidad casi infantil que recuerda al Ed Wood de Johnny Depp, pero que persevera y persevera para ver realizada su obra, su sueño.

Sueño que recorremos y que nos descubre las relaciones sentimentales de los personajes, así como sus inquietudes y aspiraciones vitales. Mostradas alternativamente en blanco y negro y a color con una fotografía cuidada y un rigor en los encuadres poco habitual.

Nick Reve (Steve Buscemi) durante la grabación de una escena.  
Fotograma de Ed Wood que sirva para compararse con Nick Reve de Steve Buscemi
Johnny Depp interpretando a Ed Wood durante una toma del film homónimo de Tim Burton (1994).

Con todo esto y apenas noventa minutos de duración, aún le queda espacio para la crítica. Centrada en el personaje de Chad Palomino (James Legros), un actor rutilante de la industria que dice admirar el trabajo de los directores independientes. Una caricatura de la hipocresía de aquellas estrellas, forjadas en Hollywood, que recurren a producciones independientes solo para mejorar su estatus de cara al público. Hay quien afirma que es una pantomima de Brad Pitt…

Ilustra al personaje de Chad Palomino en un plano conjunto durante la película Vivir Rodando.
Chad Palomino (James Legros) en el centro con Nicole (Catherine Keener) y Nick (Steve Buscemi) girado durante una escena de Vivir Rodando.

Cabe destacar también, algunos detalles curiosos y referencias tronchantes. En primer lugar, el homenaje al surrealismo lynchiano. Presente en toda la película por su estructura explícitamente onírica y por la música que compone Jim Farmer en claro tributo a Badalamenti. Y más especialmente en el desenlace, con la desternillante parodia de Twin Peaks, que cuenta con, ni más ni menos, que Peter Dinklage en su primera incursión cinematográfica. Al igual que Catherine Keener, su personaje es un reflejo mordaz de sus primeras experiencias con la industria. Interpreta a un desganado actor que está cansado de que lo encasillen en papeles tópicos de enano. Varios motivos más para verla y disfrutarla.

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Peter Dinklage como Tito apareciendo en el plató.
Imagen que muestra la parodia al surrealismo y a Twin Peaks durante la película.
Tito (Peter Dinklage) junto a Nicole Springer (Catherine Keener) en una escena surrealista.

Por último, destacar el papel de Rica Martens, en su doble faceta, primero como actriz veterana y luego como la madre entrañable del director, Cora. Aquejada por su progresiva pérdida de memoria, aparece de repente en el plató buscando la compañía de su hijo. Su presencia añade una capa de profundidad humana al personaje de Buscemi devolviéndolo a su infancia y resultando clave para la conclusión del film.

Imagen que muestra la relación entre dos personajes durante la película Vivir Rodando.
Cora Reve (Rica Martens) con Nick Reve (Steve Buscemi) hacia el final del film.

Para mi conclusión particular, solo queda despedirme con una frase del propio DiCillo, una respuesta ingeniosa para todos aquellos que idealizan el arduo proceso de realizar una película.

Crear una película es una de las experiencias más tediosas, aburridas y dolorosas, y eso solo cuando las cosas salen bien.”

Pero que no os engañe con su cinismo, vale la pena.