Poster de Ciudadano Bob Roberts (Tim Robbins, 1992)
Poster de Ciudadano Bob Roberts (Tim Robbins, 1992)

¿Te sientes vacío desde que las elecciones generales de los pasados 28 de abril y 10 de noviembre? ¿Hay un hueco en tu vida tras los comicios municipales, autonómicos y europeos del 26 de mayo? ¿Esperas con ansías las elecciones estadounidenses del 3 de noviembre de 2020, mientras disfrutas de las primarias? Si has respondido que sí a esas preguntas tengo que darte una mala noticia: eres un geek de las campañas electorales y, aunque siempre hay elecciones en algún sitio, quizá necesitas algo más para entretenerte. Y para ello te voy a sugerir algunas películas y series –por ahora dejo fuera los documentales- en las que las campañas electorales son el escenario de la trama o, directamente, el tema central. Vamos allá, porque las películas y la política a veces hacen muy buena combinación y en Cronocine lo sabemos.

El lado amable: comedias románticas

El estrés y ritmo acelerado de las campañas políticas son un buen escenario para equívocos, líos, situaciones embarazosas y, como no, revolcones y amores. O sea, terreno abonado para la comedia romántica.

En Sin Palabras (Speechless, Ron Underwood, 1994, 99 min.) Michael Keaton y Geena Davis se conocen por accidente, se caen bien, a través de sucesivos encuentros, con su pizca de malos entendidos, se van enamorando, pero resulta que son los escritores de discursos de dos candidatos políticos rivales. Así que se admiran, rivalizan, compiten, colaboran, se hacen la puñeta, etc. hasta que os podéis imaginar cómo acaba la historia. Película de tono amable, como es propio de su género, que aunque tiene una fluidez disfrutable, le falta un poco de carisma en la pareja protagonista. Como suele ser norma de las películas políticas, el reparto es amplio y está lleno de secundarios reconocibles.

De esta estirpe es también Definitivamente, quizás (Definitely, maybe, Adam Brooks, 2008, 112 min.). Un padre soltero, Ryan Reynolds, le cuenta a su hija, Abigail Breslin, la historia de las mujeres que se han cruzado en su vida (nada más y nada menos que Rachel Weisz, Isla Fisher y Elizabeth Banks) para revelarle al final, cuál de ellas es su madre. Sí, es cierto, algo de esto resuena con la serie How I met your mother, estrenada en 2005. ¿Cómo se vincula este salseo de película a elecciones? Pues resulta que el personaje de Ryan Reynolds es consultor político en Nueva York y, a lo largo de sus idas y venidas, participa en campañas a la alcaldía de la ciudad y para la presidencia, en el bando de Bill Clinton, posiblemente el presidente que más juego ha dado para el cine hasta ahora, como ya veremos en algunas otras películas que iré mencionando. Definitivamente, quizás pone menos énfasis en las carreras electorales que la antes mencionada Sin palabras, pero funciona bastante bien en el terreno de la comedia sentimental.

La mejor comedia romántica en el ámbito de la política es seguramente la que mejor usa lo político como elemento para construir la tensión romántica y tiene el título de El presidente y Miss Wade (The American President, Rob Reiner, 1995, 114 min.). Rob Reiner, director de un puñado de maravillosas cintas, cuenta para la ocasión con un reparto tremendo (Martin Sheen, Michael J. Fox y Richard Dreyfuss son los nombres más conocidos entre los secundarios) y con el guion de ese estupendo escritor que es Aaron Sorkin. Para ensalzar esta película bastaría con decir que sirvió como base sobre la que Sorkin edificaría la serie The West Wing (1999-2006), lo que es decir mucho, pero hay más. Porque la película rezuma cierta elegancia y clasicismo deudora de comedias clásicas de gente como Howard Hawks, George Cukor y similares. Eso sí, la película no muestra ninguna campaña electoral, pero hacia el final de la cinta, la agenda legislativa y la posible reelección del presidente y viudo, Andrew Shepherd (Michael Douglas) estarán en peligro por el efecto en la opinión pública de su relación con la activista ecologista Sidney Ellen Wade (Annete Bening). Película elegante y rica, casi salida del Hollywood clásico, que, como ya se ha mencionado, explota dramáticamente las posibilidades de la actividad política en Washington, D.C. para construir su historia.

Otra película en este estilo es la reciente Casi imposible (Long shot, Jonathan Levine, 2019, 125 min.), en la que Charlize Theron, una especie de trasunto de Hillary Clinton, contrata a un periodista, antiguo conocido suyo, Seth Rogen, como su escritor de discursos. La comedia surge por dos caminos. Por un lado, Rogen no parece encajar ni adaptarse bien al mundo de la política profesional ni al protocolo público y, por el otro, el romance entre los dos, aparentemente improbable, irá haciéndose presente. De vez en cuando, hasta Rogen logra atinar con una película que no duele ver.

Sátiras

Si la comedia romántica requiere de una cierta amabilidad, la sátira exige de una acidez y cinismo que encaja bien en la percepción actual y más común de la competencia electoral. La mezquindad da para buenas comedias y a Billy Wilder me remito.

Así en Bulworth (Warren Beatty, 1998, 108 min.) un candidato desencantado y sin posibilidades, interpretado por Warren Beatty, decide ser brutalmente honesto con los electores y decir las incómodas verdades, a ritmo de rap. Romper con el convencionalismo -un pequeño lugar común en este tipo de filmes- le convertirá en un peligro para el establishment y pondrá en peligro su propia vida. La película es estimable, aunque desigual. De nuevo hay un destacado reparto del que hacen parte, por ejemplo, Halle Berry, Sean Astin.

En El hombre del año (Man of the year, Barry Levinson, 2006, 115 min.) un cómico al estilo de Stephen Colbert, Jon Stewart o John Oliver, interpretado por Robin Williams, se presenta a presidente para poner en evidencia lo viciado del proceso electoral. La crítica a los políticos y los medios de comunicación casi permitía pronosticar el auge de un populista “a lo Trump”. A pesar de acumular profesionales de talento e ideas muy interesantes, la película intenta abarcar demasiado y no lograr engranar todas sus piezas con la finura que sería deseable para que la comedia terminase de funcionar. Mención especial para la protagonista femenina de la película, Laura Linney que es una actriz maravillosa a la que no se le reconocen los méritos, muchos, que tiene su carrera.

El hombre del año palidece un poco en la comparación con otra película de mismo director, Barry Levinson, que en 1997 había logrado un producto más redondo con La cortina de humo (Wag the Dog, B. Levinson, 1997, 97 min.). Un par de fontaneros al servicio de la Casa Blanca (Robert de Niro y Anne Heche), recurren a un productor de cine (Dustin Hoffman), para crear una distracción de un escándalo sexual que afecte a la reelección del presidente. El resultado: una guerra virtual contra Albania. Si la película suena mucho a la historia de Monica Lewinsky, Bill Clinton y la participación estadounidense Balcanes es porque se rodó de un modo acelerado, prácticamente a la vez que los hechos tenían lugar. La cortina de humo para ser efectiva intentaba mostrar que, por disparatada que pareciese la idea, quizá no lo era tanto y estaba pasando casi al mismo tiempo que la película se estrenaba. El  llamado efecto CNN, la aceleración de los ciclos de noticias, la reducción de la atención del público y la ausencia de profundidad en el tratamiento periodístico de la actualidad son las principales víctimas de esta película. Casi da miedo pensar cómo sería remake actual, en tiempos de redes sociales, llenos de estímulos pseudoinformativos sin sustancia.

Pero si, por lo que sea, sólo puede ver una de las películas que menciono en el campo de la sátira, que sea Ciudadano Bob Roberts (Bob Roberts, Tim Robbins, 1992, 102 min.). La primera y ¿mejor? película de Tim Robbins en la que con la forma de falso documental, tan fértil para la comedia como muestran This is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984, 82 min.), The Office o Parks and Recreation, sigue la campaña presidencial de un cantante folk ultraconservador, de la alt-right se diría hoy, que a base de populismo, mentiras y carisma va ascendiendo desde una aprobación casi marginal a la posición de candidato con posibilidades reales de ganar. De nuevo, no cuesta mucho ver lo que después ha sido el ascenso a la Casa Blanca de Donald Trump.

Y con esta nota final que hiela un poco la sonrisa, dejamos por hoy las comedias. Dentro de poco llegarán películas con elecciones, pero esta vez, con poca broma.

1 Comentario