Poster de Los Idus de Marzo (George Clooney, 2011)

Campañas electorales y cine ¿Hay algo mejor? Tras haber dado un repaso a comedias, tanto a algunas bienintencionadas y románticas como a otras ácidas y satíricas (y se quedaron fuera algunas tan buenas como Elecciones de Alexander Payne –Election, 1999, 103 min.-), que mostraban con más o menos atención elecciones en esta ocasión, nos vamos por el lado serio, con thrillers y dramas que, si están marcados por algo es por una visión de la política llena de desencanto y cinismo. Vamos con la segunda tanda de la lista de películas que harán las delicias de los adictos a las campañas electorales. Hoy George Clooney, Robert Redford y muchos más pasan por CronoCine.

Thrillers

La política como territorio de la mentira y/o de la conspiración lleva directo al thriller. Un personaje -un recién llegado, un idealista- se encuentra con que algo huele a podrido en Dinamarca y, más o menos, ya os podéis imaginar qué pasa. Este tipo de películas, además de, por lo agradecido del género, funcionan porque apelan a la desconfianza en la clase política, en los poderosos, y cuentan con que el espectador tiene la actitud favorable para aceptar alguna que otra teoría conspirativa, por inverosímil que parezca.

Y si hay un thriller político con impacto en la cultura popular es El mensajero del miedo (The manchurian candidate) de John Frankenheimer de 1962. Película propia de la Guerra Fría, en que la paranoia y el lavado de cerebro (término hoy en desuso) alimentan una apasionante trama de política ficción en la que Frank Sinatra, Laurence Harvey, Janet Leigh y Angela Lansbury están espléndidos. La película tuvo un buen remake en dirigido por Jonathan Demme en 2004 con Denzel Washington, Liev Schreiber y Meryl Streep. Simplemente recomendar ambas versiones y no decir nada más evitar spoilers para los que no hayan visto -¿en serio?- estas dos disfrutables películas.

A diferencia de las anteriores la película Poder (Power, Sidney Lumet, 1986, 111 min.) rara vez es recordada. A la película le pesan los ochenterismos, personificados en Richard Gere, que de algún modo extiende algunos aspectos de su personaje de American Gigolo (Paul Schrader, 1980) a su personaje de consultor político que, como el gigolo, ofrece a sus clientes lo que quieren sin mayor compromiso o implicación. El mundo de los consultores políticos sin principios y de la política espectáculo son el objeto de la denuncia de Lumet, pero falta contundencia y sobran buenas intenciones. El casting que rodea a Gere, con Gene Hackman, Julie Christie, Denzel Washington, entre otros, no consigue hacer atractiva la trama de traiciones, corruptelas y algunos peligros. La película podría haber hecho un buen díptico sobre la sociedad espectáculo con Network, un mundo implacable (Sidney Lumet, 1976, 121 min.). Lástima.

En Los idus de Marzo (The Ides of March, George Clooney, 2011, 101 min.) de nuevo seguimos a un consultor político, Ryan Gosling, en el desempeño de sus funciones al servicio de George Clooney. El elemento de suspense es relativamente liviano, no se trata tanto de un gran escándalo como de un incidente a través del cual el idealista Gosling tomará conciencia de la fuerza corruptora de la aspiración de poder y, por extensión, de su propia naturaleza. Película bastante lograda, por la que desfilan Paul Giamatti, Philip Seymour Hoffman, Evan Rachel Wood, Marisa Tomei y más, a la que sele su origen teatral, para incidir en la muerte del idealismo en la política de alto nivel.

Mención aparte merece Candidata al poder (The contender, Rod Lurie, 2000, 129 min.). Es cierto que aquí no hay elecciones, pero sí el proceso de confirmación ante el Senado de un Vicepresidente; bueno, de hecho de una vicepresidente, al haber quedado el puesto vacante. Una mujer como candidata, interpretada por Joan Allen, cuestiones sobre el comportamiento sexual, los techos de cristal y una trama secundaria, que opera como macguffin, y que suena mucho a Chappaquiddick, producen una extraña, pero atractiva, combinación de idealismo capriano y cinismo posWatergate. Jeff Bridges hace un divertido retrato de un presidente muy consciente de su poder y Gary Oldman es, como siempre, un estupendísimo villano. De nuevo, como prácticamente en todas las películas que estamos mencionando, un repaso a la ficha de Imdb de The Contender asombra por el impresionante reparto en el vemos a Sam Elliott, Christian Slater, William Petersen y más. Parece que la política tiene su tirón entre el gremio actoral.

Política como sufrimiento: Drama time

Si en las películas anteriores los protagonistas eran los consultores preocupados en cómo ganar, en El candidato (The candidate, Michael Ritchie, 1972, 110 min.) el foco se pone sobre Robert Redford, candidato al Senado de los Estados Unidos, guapo como Redford era , honesto, carismático y sin opciones de ganar. El drama surge cuando ante la posibilidad real de ganar, el candidato deberá batirse entre ser él mismo y mantenerse en sus principios o aceptar ciertos compromisos para, efectivamente, dejar de ser un outsider y convertirse en un ganador.

Si de todas las películas que he mencionado aquí solo puede escoger una, que sea El Político (All the King’s Men, Robert Rossen, 1949, 110 min.); película incómoda y brillante, que si tiene parentela con alguna otra es con Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941, 119 min.). ¿Fue siempre así el personaje de Broderick Crawford -ese político del título- o el poder le cambió? Un pequeño tratado sobre demagogia, populismo y corrupción. Del remake de 2006 dirigido por Steven Zaillian interpretado por Sean Penn sólo decir que no le hace justicia al original.

La primera película fuera de los Estados Unidos que menciono es la española El disputado voto del Señor Cayo (Antonio Giménez-Rico, 1986, 94 min.). Adaptación de una novela de Miguel Delibes que sirve de un retrato de una época, la de la Transición española, ante sus primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. El ojo atento puede encontrar a actores jovencísimos como Lydia Bosch e Iñaki Miramón compartiendo cartel con Paco Rabal y Juan Luis Galiardo. En la dirección de Giménez-Rico se nota la admiración, inevitable, por John Ford, tan propia de una generación de cineastas, de los que el más destacado ha sido José Luis Garci, que hicieron la crónica cinematográfica de aquellos años.

Y así, tras haber recomendado algunas películas llenas de villanías, cinismo y miserias de la aspiración de poder, debemos alejarnos otra vez del territorio de las campañas electorales en la gran pantalla. Pero, volveré, con una tercera y última parte, en la que me detendré en películas que son como la vida misma y la concesión a la pequeña pantalla con algunas series de televisión.

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