Poster de la película El Candidato (The Front Runner, Jason Reitman, 2018)

Hemos reído. Hemos llorado. Hemos sufrido desengaños terribles al descubrir oscuros secretos, pero, sobre todo, en las partes I y II de este “Cine para adictos a elecciones” hemos recomendado con una buena selección de películas con muy diversas campañas electorales pobladas por todo tipo de asesores, consultores, escritores y candidatos. Y como a la tercera va la vencida, en esta última entrega, llega el momento de hablar de películas de ficción que se parecen mucho a la realidad, lo reconozcan o no, y de hacer alguna concesión a la pequeña pantalla. Última parte de la lista de películas que harán las delicias de los adictos a las campañas electorales. ¿Ha quedado lo mejor para el final? Vamos a verlo.

 

Basadas en hechos reales

Una película que pasó casi desapercibida, Expertos en crisis (Our Brand is crisis, David Gordon Green, 2015, 107 min.) ficcionaliza el documental del mismo nombre dirigido en 2005 por Rachel Boynton (que se puede encontrar fácilmente en internet) sobre la participación de la firma estadounidense de consultoría GSC en las elecciones bolivianas de 2002, diseñando la estrategia para el candidato Gonzalo Sánchez de Lozada “Goni”. Resulta curioso que, basándose en hechos reales, la película se deslice por casi todos los lugares comunes del subgénero de los consultores políticos. Por señalar dos diferencias respecto a otras películas mencionadas hasta ahora, hay una protagonista mujer, interpretada por Sandra Bullock, lo que, por lo menos, debería llamar la atención, y, segundo, que lejos del glamour que otras películas proyectan, esta cinta presenta a los operativos políticos como individuos con vidas personales desastrosas. Billy Bob Thorton es el antagonista, como el estratega jefe de otro candidato. Los más avezados identificarán en su personaje un trasunto del celebérrimo consultor político James Carville, aunque la película se tome una licencia en lo que fue su participación en aquellas elecciones bolivianas.

 

Billy Bob Thorton vuelve a aparecer en Primary Colors (Mike Nichols, 1998, 143 min.), película en la que se sigue a Jack Stanton, gobernador demócrata de un Estado del Sur durante las primarias de su partido para elegir al candidato presidencial. Ver la caracterización de Emma Thompson y John Travolta como los Stanton es mirar a Hillary y Bill Clinton. La película se basa en el libro del periodista Joe Klein, publicado al principio de manera anónima, que prometía revelar la verdad sobre la pareja más poderosa de la política estadounidense y su ascenso al poder. Aquí volvemos a toparnos con un joven, en esta ocasión afroamericano, interpretado por el actor Adrian Lester, que se incorpora a la campaña de los Stanton y guiará al espectador por el enamoramiento, la revelación, el desencanto, la fascinación del poder y la despiadada ambición. En ese viaje, Lester va acompañado por una estupenda Kathy Bates. Y, si bien la película es notable, le pesa que Lester, su protagonista, sea el menos carismático de todo el reparto.

 

El Candidato (The front runner, Jason Reitman, 2018, 113 min.) adapta el libro All the Truth Is Out: The Week Politics Went Tabloid (2014) sobre Gary Hart, el que era el favorito en las primarias demócratas de 1988, pero cuyas expectativas se vieron truncadas por un asunto de infidelidad aireado por la prensa. Es obvio que Reitman señala en aquel episodio un punto en el que la política norteamericana se torció y cambió el comportamiento de candidatos, los medios y los ciudadanos ante las elecciones, convertidas en concursos de popularidad y, de esta manera, abriendo la puerta a personajes como Trump. El principal problema, y al mismo tiempo valor, de la película es que muestra a un contradictorio Gary Hart (Hugh Jackman), que no es simpático, porque es demasiado testarudo, pero que siempre se mantiene digno en su convicción de que lo que debe medirse en una contienda electoral son la capacidad del político y sus propuestas, sin siquiera entrar a responder sobre cuestiones personales. A Jackman le acompañan la espléndida Vera Farmiga, J. K. Simmons, Alfred Molina, entre otros. Desde aquí creo que la película merece más atención de la que recibió en su momento.

 

Y con la chilena No (Pablo Larraín, 2012, 118 min.) llego a la última película de la que hablaré aquí y a la segunda película no estadounidense de esta selección. No cuenta la campaña para el referendo de 1988 sobre la continuidad de Pinochet en el poder en Chile. La película pone su acento en campaña de comunicación, mostrando el ingenioso uso del video, la televisión y la música que hicieron los partidarios del “no”. A estas alturas a nadie se le debería escapar que muchas de las películas que he mencionado sirven de observatorio de los cambios en los medios de comunicación experimentados desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Interpretada por habituales de posteriores filmes del director, como Gael García Bernal, Luis Gneco y Alfredo Castro, esta cinta fue la presentación para el público internacional de Larraín, director que ha seguido navegando el cine profundamente político en Jackie (2016, 100 min.).

 

Ficción política en serie

Las tres temporadas de la serie danesa Borgen (2010-2013) se pusieron de moda en España alrededor de 2016. Tan de moda estuvo Borgen que, algunos casos, se llegaba a hablar de una “solución a la Borgen” para resolver el atasco en la formación de gobierno de aquel momento. Pasada la efervescencia coyuntural no está de más recordar una serie que empieza con unas elecciones y crece en las dificultades para formar gobierno, llegar a acuerdos, etc. Entre el reparto, el más reconocible por sus participaciones en Game of Thrones y Ghost in the Shell (Rupert Sanders, 2017, 107 min.) es Pilou Asbæk.

 

La versión inglesa de House of Cards prescinde de las elecciones, porque entiende que lo primordial de su propuesta era regocijarnos con su villano protagonista, un tipo a lo Ricardo III. Lo divertido es verle maniobrar despiadadamente allí donde nadie le ve; lamentablemente la versión estadounidense pronto perdió de vista esta idea y, al alargarse, no pudo evitar pasar por episodios dedicados a elecciones, aunque lo cierto es que ya para el momento en el que el tándem Underwood/Underwood (Kevin Spacey/Robin Wright) se enfrentaba a Conway/Brockhart (Joel Kinnaman/Colm Feore) la serie había perdido mucho fuelle. El espectador encontraba cómodas dosis de cinismo y maldad provista por sus villanos favoritos, independientemente de cualquier expectativa de verosimilitud y, cualquier otra cosa era accesoria.

 

Por el contrario, la creación de Aaron Sorkin El Ala Oeste de la Casa Blanca (The West Wing, 1999-2006) juega a la esperanza y el idealismo. Los personajes, en su extrema brillantez, son tan inverosímiles como los que pululan por House of Cards, pero se sienten de verdad y ahí radica el extraordinario mérito de Sorkin. Dentro del conjunto de la serie hay dos temporadas que se concentran en las elecciones. La cuarta, centrada en la campaña para la reelección del presidente Bartlet (Martin Sheen), y la séptima y última temporada, en la que asistimos a la competencia entre el demócrata de origen hispano Matt Santos (Jimmy Smits) y el republicano Arnold Vinick (Alan Alda) por llegar al Despacho Oval. La serie, a través del personaje de Matt Santos, anticipó mucho de lo que después vimos en Barack Obama en su camino a la presidencia de los Estados Unidos. La ficción a veces se anticipa y/o prefigura la realidad y nos prepara a lo que está por venir.

 

Y ahora sí, termino aquí estas sugerencias para los adictos a las elecciones, que espero que encuentren aquí unas cuantas horas de entretenimiento con el que superar esa sensación de vacío que pueden tener esos que no pueden vivir sin una campaña electoral a la vista.