Si en Bienvenido Mr. Zombi aprendimos sobre la génesis del cine del subgénero zombi y los zombis caribeños, en el capítulo de hoy trataremos una de las etapas más bizarras de su historia: los zombis invasores.

Un poco de historia

Al finalizar la II Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos bloques, liderados por las grandes vencedoras: Estados Unidos y la Unión Soviética. Capitalismo y comunismo. El choque era inevitable.

La paranoia de invasión comunista en la América de la postguerra tuvo su punto álgido con la “caza de brujas” del senador MacCarthy (1950-1956). Cualquiera podía ser un espía comunista: tu compañero de trabajo, tu vecino… ¡incluso tu pareja! Esta sensación de desconfianza muy pronto se trasladó a Hollywood, afectando no solo a profesionales de la industria, sino a la temática de las películas producidas durante esta época.

1959. En algún lugar de Hollywood…

¿Pero como podían mezclarse zombis y comunismo? Algunos directores visionarios lo tuvieron claro… ¡alienígenas! Total, estaban de moda.

-¿Zombis y alienígenas? ¿Pero estás seguro, Ed? Que es como mezclar churras con merinas, digo…, búfalos con bisontes.
-¡Esto va a ser la bomba, Joe! Los alienígenas son el futuro del cine. ¡Puede que incluso llegue el día en el que se enfrenten a cowboys en un fabuloso subgénero del western lleno de estrellas rutilantes!
-¡¿A cowboys?! Anda Ed, vamos a por tu medicación… Y quítate esos tacones, hombre. El subgénero zombi está muerto… ¡Está muerto! ¿Lo pillas?

Pero el bueno de Ed hizo cuanto pudo por resucitar cadáveres… y gracias a eso, hoy podemos disfrutar de la que, hasta ser destronada por The Room (Tommy Wiseau, 2003), fue considerada la “mejor peor película de la historia del cine”: Plan 9 del espacio exterior (Ed Wood, 1959)

Plan 9 del espacio exterior

A ver cómo os lo explico. Los extraterrestres llegan en platillos colgados de hilos y atacan la Tierra. Nosotros contraatacamos con tanques que hacen mucho ruido. Pero por alguna inexplicable razón, los alienígenas, con impresionantes uniformes de cosaco, deciden que el mejor método para invadirnos es resucitar cadáveres para matarnos… de risa.

Hay muchas razones para recomendaros el visionado de esta película. En ella encontraremos descartes de documentales bélicos, las últimas imágenes de Bela Lugosi (que falleció antes del rodaje, sus escenas son recortes previos a su muerte), los errores más flagrantes de raccord en la historia del cine y unos decorados tan penosos que no encontraríamos ni en la obra de fin de curso de un colegio. Pero a la vez, destila una pasión por el cine que traspasa la pantalla. Sin embargo, para disfrutarla, os aconsejo vivamente que primero os acerquéis (si no lo habéis hecho ya) a Ed Wood (Tim Burton, 1994), en la que Johnny Depp encarna al extravagante director durante el rodaje del film que le hizo pasar a la historia.

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Invasores Invisibles

Vale. Resulta que los extraterrestres llevan infiltrados entre nosotros la tira de años. Así se lo hacen saber a un científico, advirtiéndole que, si las potencias no cesan en sus amenazas nucleares, van a dejar el planeta limpito de humanos. ¿Cómo? Pues poseyendo los cuerpos de nuestros difuntos, obviamente.

Invasores invisibles (Edward L. Cahn, 1959) pasa por ser un título más de serie Z. Aunque tiene algunos recursos curiosos (la invisibilidad de los alienígenas da mucho juego), se toma demasiado en serio a sí misma para provocarnos la ternura y la complicidad que podemos sentir con el visionado de la película de Wood. De algún modo, le falta alma, y eso hace que la contemplemos como un producto fácilmente olvidable, a excepción de contadas escenas.

Curiosamente, ambos filmes presentan un claro mensaje antibelicista. Por primera vez, los zombis servirán a un propósito adicional al de causar pavor en el espectador. Y es esta capacidad para la metáfora la que los terminará convirtiendo en una herramienta útil para futuros directores. No puede sorprendernos que la temática zombi-alienígena no prosperara. La producción de películas de serie B de este subgénero continuó, aunque con títulos poco reseñables, hasta la llegada de los zombis que revolucionaron el cine de terror y se convirtieron en portadores de no solo de muerte, sino de denuncia social: los muertos vivientes.