Crítica de «La peor persona del mundo»

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«La peor persona del mundo» (Joachim Trier, 2021) es un estudio de personaje, tan exasperante como fascinante, de una mujer treintañera varada a la deriva en un mar de incertidumbres existenciales.

En doce capítulos, amén de un prólogo y un epílogo,  presenciamos los continuos vaivenes de Julie, una brillante Renate Reinsve  que se alzó con el premio a la mejor actriz en Cannes, en su intento de madurar y alcanzar un grado de estabilidad vital que no riña con su personalidad libérrima, impulsiva y orgullosamente inconformista.

Julie (Renate Reinsve) en «La peor persona del mundo»

Partiendo de su vertiginosa vida universitaria, que le lleva a cambiar tres veces de carrera, se van diseccionando, capítulo a capítulo, sus inseguridades, su vida familiar, laboral, social y sobre todo sus relaciones sentimentales.

Principalmente con Aksel, un dibujante de cómics quince años mayor, que deparara los momentos más brillantes del film hasta casi arrebatar el foco de la vida de la protagonista. En una sobresaliente actuación de Anders Danielsen que equipara y da réplica a Reinsve hasta el final. Abriendo interrogantes a medio camino de dos generaciones.

Joachim Trier discurre en término de alter ego y liga hábilmente sus inquietudes existenciales con los códigos de la dramedia romántica para adaptarlos a la realidad noruega y a una subjetividad femenina muy particular. Impulsiva y siempre cambiante como acentúan las subidas de tono de las vibrantes melodías del compositor Ola Fløttum.

Trier es consciente del lenguaje de nuestro tiempo. Celebro como integra el uso del smartphone, de Instagram y demás redes sociales con naturalidad cotidiana. Elaborando una puesta en escena de marcado realismo, pero que se permite instantes oníricos y fantasiosos trasuntos de los estados de ánimo de la protagonista. En el trayecto, esquiva de puntillas el melodrama de telefilm, gracias a una precisa contención en las actuaciones y a un apropiado uso de las elipsisis, especialmente en la parte final.

Julie (Renate Reinsve) y Aksel (Anders Danielsen) en un fotograma de «La peor persona del mundo»

Destacando el uso de la voz en off tan inusualmente concisa y resolutiva, una narradora omnisciente que expande o aminoriza el relato tratando de disfrazar algunas de sus carencias. Pues, en apenas dos horas de metraje, la condensación temática genera inevitables arritmias entre episodios. Presentando hilos narrativos que no acaban de explorarse o que, en su elisión, pueden resultar algo superfluos.

Se apunta en muchas direcciones con tal de dejar una ristra de situaciones que puedan formar un retrato poliédrico de Julie y su entorno, pero que se van sucediendo y eclipsándose a pinceladas. Algunas más finas y elocuentes (la subtrama final de Aksel, identidad virtual/material), otras más gruesas y toscas (los manidísimos «daddy issues», el artículo sin salida de Julie). Aunque el conjunto no es suficientemente lúcido como para llegar a ser tildado de retrato generacional, es incuestionable el gran pulso narrativo que logra Trier. Consigue encajar una densa variedad de problemáticas cotidianas con un ritmo muy fluido.

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La planificación visual es igual de dinámica, con poderosos trávelins en múltiples direcciones que subrayan la libertad caótica de Julie. Un trabajo de fotografía que se deleita con los perfiles de los personajes y con intermitentes tonos cálidos de esa Oslo metropolitana y diáfana. Dejando observar y respirar a Julie; permitiendo al espectador sumergirse en su entorno visualmente sin restregarle sus sensaciones explícitamente con palabras.

La peor persona del mundo, 2021.

Por momentos, podría tratarse de otro volumen de la espléndida «Normal People» de Sally Rooney o de la hermana nórdica y más actual de «Frances Ha«.  Referentes que impregnan el guion de afilado realismo, firmado con su colaborador habitual Eskil Vogt (Blind, 2014; The Innocents, 2021) y que obtiene su mayor baza en los diálogos.

Como nos tiene acostumbrados esta inseparable dupla, se destacan algunos intercambios ácidos y ciertos episodios irónicos de rabiosa actualidad sobre el mansplaining, el femenismo y el movimiento #MeToo o la cultura de la cancelación. Sin dejar de disparar al aire ciertas reflexiones intergeneracionales sobre los prejuicios e imposiciones sociales que atraviesan el pensamiento del espectador aunque no se lleguen a apuntalar más adelante.

Porque aun con sus avatares marcadamente noruegos, «La peor persona del mundo» despliega un abanico de temas que nos apela a todos en cierto momento de nuestras vidas.

¿Quién no ha sentido alguna vez ese naufragio emocional, esa angustia de no saber ni lo que se quiere ni lo que se desea realmente?

Con sus inconsistencias, «La peor persona del mundo» ofrece un periplo vital que divierte y conmueve de principio a fin.  Y dejará poso en todos aquellos que, como Julie, viven con la necesidad de reafirmar una identidad que nunca acabará de conformarse, en un pulso continuo con uno mismo.