Lamb es una película muy singular. Basta con mirar un momento su póster, inspirado en un célebre retrato davinciano, para quedar prendado de ese extraño magnetismo que sugiere el rostro de Noomi Rapace. Envuelta por las montañas en un verde prado, bien asida al corderito y con esa mirada enigmática al fuera campo que cifra toda la atmosfera de la película.

La dama del armiño (Leonardo da Vinci, 1489-1491)
Poster for the movie "Lamb"
Póster oficial de Lamb © 2021 Black Spark Film

 

Paulatina, silenciosa y contenida, así arranca Lamb. La belleza desgarradamente fría de la naturaleza islandesa inunda cada plano. Nos va envolviendo en su particular ambiente desde el trabajo sonoro; con la respiración de los carneros, el traqueteo del tractor, el balido de las ovejas…

Con esa parsimoniosa tensión tan propia del cine nórdico. Una conjunción de elementos simples, pero que logran una poderosa atmosfera.  Algo que comparte con la maravillosa The Juniper Tree (Nietzchka Keene, 1990), aunque rebajando lo trascendental en pos de la fábula hierética y el folk-horror.

Lamb © 2021

Pues la ópera prima de Valdimar Jóhannsson bebe de las sagas islandesas y su particular mitología, dividiendo Lamb explícitamente en tres capítulos literarios que irán in crescendo siempre desde una tensión latente. No es extraño que el guión lo firme junto a Sjón Sigurdsson, novelista y poeta de oficio, gran entendido del folklore islandés. Quien, por cierto, también ha coescrito el guion de «The Northman» (2022) el próximo largometraje a estrenar de Robert Eggers; otro gran autor contemporáneo versado en el folk-horror.

The Witch (2015), ópera prima de Robert Eggers, precedente y referente del que bebe Lamb.
Lamb, 2021.

 

 

Lamb nos cuenta la historia de un matrimonio de granjeros islandeses (Noomi Rapace y  Hilmir Snær Guðnason), que sacudidos por la pérdida de su hija, aguantan el día a día más por las acciones rutinarias que por las palabras de aliento.

Los diálogos son, en un principio, intercambios precisos y funcionales. El rebaño de ovejas y su eficaz dirección y mantenimiento precede los «buenos días». Las pausas del desayuno, en el particular candor matutino, pueden exteriorizar pensamientos que reanuden el interminable duelo. Evitar que la herida supure es inevitable cuando cada nacimiento en el rebaño de corderos es un recuerdo de la tragedia de los pastores.

No obstante, será un insólito nacimiento el que acabará con el letargo emocional. Provocando cambios en los principios morales de los personajes y detonando todos los conflictos interiores y exteriores hasta lo irreversible.

Con todo y lo que pueda parecer, la gran triunfadora de la pasada edición de Sitges, es más un drama intimista que explora las secuelas de una tragedia familiar que un relato de horror. El único elemento que la hace bascular hacia el terror más visceral ocurre en el clímax final y es quizás lo que menos convence por lo abrupto y apresurado que resulta, aunque hubiera estado latente hasta ese momento durante toda la película.

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Creo firmemente, que el verdadero terror se halla en la tragedia cotidiana, aquella que nos puede ocurrir a todos. El diálogo con la madre naturaleza y nuestro aprovechamiento despiadado es interesante, pero secundario. En este caso, la relación paterno/materno-filial perdida, interrumpida por la desgracia, deja un vacío tan hondo como un abismo. Ningún idioma se ha atrevido a cifrar en una palabra el dolor de unos padres que han perdido a sus hijos. Ese abismo, sin embargo, ha sido explorado con anterioridad en el horror en cintas de culto como Don’t Look Now (1973, Nicolas Roeg), Anticristo (2009, Lars Von Trier) o más recientemente en Titane (Julia Docornau, 2021); todas (incluida Lamb) curiosamente laureadas en el festival de Cannes.

Lamb © 2021

Con Von Trier, de hecho, trabajaron tanto director como guionista y, de alguna forma, Lamb podría considerarse una versión personal -más digerible- de la macabra Anticristo. Todas coinciden, sin embargo, en representar el dolor, el trauma, desde lo fantástico y paranormal, como un fantasma acechante que confunde lo real con lo imaginado hasta casi lo indistinguible. Desatando las pulsiones más violentas, mellando la psique y trastocando la puesta en escena, que amén de su simbología (usualmente ligada al cristianismo) resulta igualmente el interior exteriorizado de los personajes.

Lamb no busca ser críptica ni llevarte al paroxismo, sus símbolos y conexiones son tan claras como su título (carneros, ovejas, pastor, nacimientos en el establo, oraciones, herejías). Lo que la acaba destacando del resto, además de lo ya citado, son sus portentosas actuaciones. En especial la de Noomi Rapace, la gran protagonista de la película. Su personaje contiene multitud de aristas bien perfiladas con cada gesto.

Como veíamos más arriba en el cartel, ese rostro surcado por la tragedia y el desgaste agreste será el centro emocional de la película. Son sus expresiones, a veces ambiguas a veces muy evidentes, pero siempre acompañadas de una actuación contenida y matizada, las que consiguen que la narrativa se sostenga incluso en los tramos más inverosímiles.

Lo peor que le puede ocurrir a una propuesta tan arriesgada como esta, es no ser tomada en serio. Que el público ría en situaciones dramáticas porque la reacción de los actores a ciertos eventos no es lo suficientemente creíble. Es muy fácil sobreactuar o excederse en el terror y más si es fantástico. Pero igual que en Annette (2021, Leos Carax) donde el reparto conseguía que el muñeco se sintiese real; Noomi, Hilmir y Björg, consiguen que el cordero se sienta humano. Mención especial para los técnicos de VFX y los laboriosos iluminadores.

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Lamb © 2021

El trabajo de fotografía es notable. Eli Arenson logra unos encuadres que refuerzan la expresividad de la naturaleza islandesa. La geometría corrompida del espacio es prodigiosa, siempre con una amplitud, que más que dejar aire, nos incomoda sutilmente. Legando espacios vacíos y algunos detalles en los seguimientos de los planos generales que parecen deudores de Béla Tarr. Al fin y al cabo, el director húngaro intervino como consejero y productor ejecutivo.

La paleta cromática, algo sobria, se centra en tonos verdes, marrones y azules (eternos cielo y tierra, agua y hierba) salpicados por el blanco pelaje ovejuno y la niebla ocasional de la región, lo que permite contrastes interesantes con el amarillo que portará el corderito Ada. Símbolo a un mismo tiempo de la fracasada herejía enfermiza y de la nueva esperanza maternal.

Þórarinn Guðnason, hermano de la compositora Hildur Guðnadóttir (Joker, Chernobyl), sigue el estilo familiar y trabaja con disonancias y vibraciones sutiles que acentúan la tensión, el malestar o la emocionalidad contenida en cada escena. Otro gran hallazgo en lo que ya parece una tradición de grandes compositores islandeses.

Lamb, 2021

En conclusión, Lamb es una obra notable que puede situarse sin reparo en la nueva ola de cine de terror actual y su director equipararse a autores como Ari Aster y el citado Robert Eggers con los que comparte ciertos códigos formales y narrativos.

Aupado por los éxitos festivaleros, esperamos que este sea el primero de muchos proyectos de un muy buen cine de autor y que sirva de puente para que acabe de conformar su estilo del todo.