Midway: Emmerich vuelve a la guerra

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Es curioso que en la actualidad las películas bélicas, como «Midway», no tengan un gran apoyo por parte de las productoras y del público, y lo es porque los avances en efectos visuales permiten unas recreaciones inimaginables hace tan solo unos años.

Roland Emmerich lo sabe, y esto a priori no es ni bueno ni malo. Tener a este director comandando esta nueva batalla era, a priori, algo preocupante. Y es que el responsable de películas como “Día de la Independencia” o “Godzilla” es muy aficionado a darnos grandes espectáculos, llenos de explosiones, pero vacíos totalmente.

En “Midway” tenemos algo de los dos Emmerich, el aficionado a los efectos visuales espectaculares y el guionista que se preocupa de darle algo de corazón a sus obras. Como no podía ser de otra manera, se recrea la crucial batalla naval de una manera no sé si realista pero desde luego totalmente inmersiva y espectacular, con combates aéreos y marinos recreados por ordenador.

Midway: Emmerich vuelve a la guerra

Comenzamos con el ataque de los japoneses a Pearl Harbor en las que, para el que esto escribe, son las mejores escenas bélicas de toda la película. Bombarderos y cazas rugen a través de tormentas de fuego antiaéreo y de los portaaviones partidos en dos. Estas magníficas escenas las volveremos a ver, por supuesto, en la prometida batalla de Midway.

Pero, además de la espectacularidad encontramos, como decía, un guión al menos respetable. Obra de Wes Tooke, el guión de “Midway” se ajusta mucho a los hechos históricos, con un prólogo de los norteamericanos en Japón cuando aún no había estallado la II Guerra Mundial, y con un clarísimo intento de retratar a los enemigos japoneses no como los villanos de la historia, si no como un pueblo honorable que fue a la guerra obligado por las circunstancias (económicas). Este acercamiento a la historia hace que desaparezcan casi totalmente las tramas amorosas, lo cual se agradece en beneficio de la historia principal.

En cuanto a los intérpretes, la inmensa mayoría son caras conocidas pero no famosos de Holyywood, con unas actuaciones sólidas y creíbles en su mayor parte. Como obra coral que es, no podemos destacar un solo protagonista, sino varios: Ed Skrein (Alita ángel de combate, Deadpool) tiene tal vez el papel más llamativo, el de un audaz piloto de bombarderos cuyo personaje tiene algo de evolución.

Midway: Emmerich vuelve a la guerra

También destaca el papel de Patrick Wilson (Watchmen, El equipo A, Insidious, Expediente Warren, Aquaman) como el oficial de la inteligencia de la marina Edwin Layton que es capaz de deducir los movimientos del ejército japonés.

Woody Harrelson interpreta al almirante Chester Nimitz y, al igual que ocurre con los japoneses, en esta película los mandos también están reflejados como personas inteligentes, cautas y, en general, seres humanos con dudas y temores.

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En el otro bando destaca, sobre todo, Etsushi Toyokawa como el mejor estratega del ejército japonés, el almirante Isoroku Yamamoto, con una actuación contenida y sobria, dándole a su personaje gran personalidad.

Midway: Emmerich vuelve a la guerra

Emmerich (y su guionista Tooke) no se conforman pues con mostrarnos la batalla que da título a la película. Al contrario, se extienden en el tiempo para mostrarnos tanto los preliminares (la conversación entre Layton y Yamamoto en 1937, el ataque de Pear Harbor), como la incursión en territorio enemigo del teniente coronel James Doolitle (interpretado por Aaron Eckart) e, incluso, los diálogos nos advierten de los conflictos en Filipinas, Islas Marshall, el Mar del Coral, etc.

Midway: Emmerich vuelve a la guerra

El caso es que “Midway” pretende ser un fiel retrato histórico que huye de los clichés del cine bélico pero no lo consigue, ya que tenemos al piloto engreído, el soldado cobarde que a última hora recupera el valor (por su patria y sus compañeros), y todos mascando chicle.

No llega a ser la feliz y edificante película bélica con soldados impolutos, pero tampoco es un relato nostálgico y sentimentaloide directo al corazón. Se queda en un camino medio que indica su calidad general: por un lado están las excepcionales escenas de guerra, pero por otro las historias humanas (excepto tal vez la del oficial de inteligencia) son demasiado tópicas. Eso sí, hay que darle un punto positivo por su humor socarrón con la aparición de John Ford (interpretado por Geoffrey Blake).

En resumen, una película entretenida y con una buena factura, pero que no tiene mayor valor que otras contemporáneas. Buen ejercicio profesional de Emmerich sin más.