Minari. Historia de mi familia, echar raíces requiere esperanza

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«Minari. Historia de mi familia» llega a nuestras carteleras este viernes 12 de marzo, tras su estreno triunfal en el festival de Sundance 2020 donde se alzó con el Premio del Público y el galardón a la Mejor Película. Siendo una de las claras favoritas en la lista de nominaciones a los Óscar que se anuncian este próximo lunes.

Minari nos traslada a la tierra de las oportunidades, durante el mandato de Reagan en los ochenta, para narrarnos las dificultades y consecuencias de perseguir un sueño.

El sueño de Jacob, un inmigrante coreano asentado en EE. UU., interpretado por un soberbio Steven Yeun, quien decide mudarse a un paraje rural en el estado de Arkansas para establecer una granja. Cambiando por completo la vida de su mujer Monica (Han Ye-ri) y sus dos hijos.

El pequeño David (Alan S. Kim) y su hermana mayor Anne (Noel Cho) crecidos en suelo extranjero y totalmente americanizados desde sus nombres y su comportamiento. Responden a sus padres en inglés cuando ellos les hablan en coreano. Debiendo lidiar, cada uno a su manera, con el problema de la identidad cultural.

Evidenciado especialmente en su relación con su abuela materna, encarnada por la fantástica Youn Youh-jung. La veterana actriz coreana, habitual del cine de Hong Sang-soo, llega para acabar con las discusiones familiares y perfila los conflictos culturales e intergeneracionales como abuela ruda, contracorriente y nada cándida, pero, a su modo, igualmente entrañable.

Traerá consigo las semillas del minari. Una suerte de perejil asiático, para echar raíces en lo físico y lo espiritual de un cuerpo familiar que lucha por recomponerse.


Steven Yeun, Alan S. Kim, Yuh-Jung Youn, Yeri Han, Noel Cho
Director Lee Isaac Chung
Credit: Josh Ethan Johnson

Mención especial merece Will Patton, quien consigue humanizar y dotar de cierto carisma a un personaje que, por su carácter histriónico y obsesivo, podría haber quedado en un mero alivio cómico. Consiguiendo enmarcar el extremismo religioso del sur en un tono entre lo paródico y lo místico. Completando un reparto, definitivamente, solvente y variado en registros.

Minari, en este sentido, resulta una propuesta original y muy bienvenida por su aporte intercultural. Teniendo en cuenta que está protagonizada por un colectivo inmigrante que apenas ha sido representado en el cine americano.  A pesar de que casi el cuarenta por ciento de la diáspora coreana mundial, dos millones y medio de personas, reside en los Estados Unidos.

Lee Isaac Chung dirige esta historia, que, como hijo de emigrantes coreanos, confiesa autobiográfica, con el pulso y la sensibilidad propia de alguien que trata de recomponer un recuerdo de la infancia. Evitando subrayar los lugares comunes y los tópicos manidos, elige abordar los conflictos en el sino de la familia y en la psicología interior de los personajes, amén de los problemas clásicos de trabajar en el campo.

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No encontramos, pues, la representación arquetípica del racismo sureño ni tampoco subtramas de acoso escolar (la escuela ni siquiera es presentada). Logrando un desarrollo realista y honesto. Planteando situaciones y construyendo diálogos que, en su aparente sencillez, esconden matices de gran riqueza temática.

De este modo, se entrelazan sutilmente ideas sobre las relaciones familiares, la religión, las raíces culturales, las aspiraciones y los sueños. En un caldo de cultivo para la esperanza ante la calamidad.

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Alan S. Kim, Steven Yeun, Noel Cho, Yeri Han
Director Lee Isaac Chung
Credit: David Bornfriend/A24

En el apartado técnico, destaca una fotografía cálida centrada en remarcar la belleza del paisaje campestre con un buen trabajo de la luz, aunque quizás con una gama cromática algo limitada. La disposición visual,  aunque en ocasiones poco inspirada, es generalmente funcional. Resaltan ciertas panorámicas dignas de una composición bucólica al estilo de John Ford o los intímos encuadres con la abuela y los niños en la carretera.

La banda sonora, a cargo de Emile Mosseri, acompaña con delicadeza y discreción a las imágenes, sin rebasarlas, intensificando los momentos de clímax emocional de la película.

Incluso con sus carencias es muy consecuente con el ritmo y el tono a cada punto del metraje. Una consideración que se puede aplicar a prácticamente todos los apartados.

Minari es, en definitiva, una gran película para volver a las salas de cine acompañado de toda la familia, ya que su visionado deja un poso esperanzador muy necesario en los tiempos que vivimos.

Por otro lado, supone un nuevo triunfo del catalogado como cine independiente americano. En este caso, financiado por la productora de Brad Pitt (Plan B Entertainment) que sigue realizando una gran labor apoyando proyectos en apariencia menos comerciales.

Para concluir, un par de recomendaciones de dos prometedoras directoras coreano-estadounidenses que comparten bastante con Minari y su director. Además de argumentos que versan sobre la inmigración en mayor o menor grado:

  • Poster for the movie ""Fish Bones (2018, Joanne Monny Park): Hana es una estudiante coreana en EEUU.  Durante las vacaciones de invierno marcha de viaje a Nueva York.  Allí conoce a Nico, una productora musical y comienza a sentirse atraída por ella. Redescubriendo su sexualidad en el camino, pero sintiéndose dividida entre las expectativas familiares y sus propios sueños y deseos.

 

 

 

 

  • Never Forever (2007, Gina Kim): Sophie es unaPoster for the movie "Nunca por siempre" mujer sudamericana residente en EE.UU.  casada con un norteamericano de origen coreano. Su matrimonio se tambalea pues Sophie desea tener un hijo, pero su marido es estéril. Una historia visceral de deseo, amor y renuncia.

 

 

 

 

 

 

Disfruten del cine!