Spider-Man: No Way Home (Jon Watts, 2021)

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La Real Academia de la Lengua Española define crítica como “Juicio expresado,
generalmente de manera pública, sobre un espectáculo, una obra artística”.
Nunca me veréis hacer un juicio sin estar yo en posesión de todos los medios de
prueba, y es por ello que las líneas que siguen no pueden ser tomadas como una
crítica, sino más bien como un comentario, unas reflexiones o la opinión de este
mero espectador.

Jueves 16 de diciembre de 2021. Mi cine habitual. Las siete de la tarde o, con el
horario de invierno, noche. Soy el primero en entrar en la sala número 3, la sala
Atmos, la mejor de las salas. Toda pompa y circunstancia es poca para el que lleva
meses amenazando con ser el mayor de los eventos cinematográficos del año y tal
vez del siglo. Spider-Man No Way Home (de aquí en adelante NWH) es la luz
verde que llevamos todo un año intentando alcanzar desde nuestro embarcadero,
ese futuro origástico del que hablaba Nick Carraway en “El Gran Gatsby” y que
día tras días se ha estado alejando de nosotros pero que al final se ha dejado coger.
Mismo día, misma sala. Las nueve y media. Una película, créditos, escena,
créditos, escena. Dos horas y media de risas, gritos (de júbilo, de alegría y de
sorpresa) y lloros. La energía que se ha creado en la casa es espectacular. Este
espectador ha ido solo a ver la película, pero no ha sentido soledad alguna. Todos
los allí presentes estábamos unidos por una cosa: nuestro amor incondicional a
Spider-Man. Este amor – que empieza para algunos en 2002 con el Spider-man de
Raimi, para otros mucho antes gracias a las viñetas de Lee, Ditko y Kirby – ha sido
correspondido. Tal vez pueda sonar exagerado, pero creo que estamos ante una
película que lleva un cachito de alma de cada uno de los miembros del equipo que
ha dado a luz a esta maravilla marvelita.

Como podéis intuir me ha encantado. Creo que se ha hecho Justicia no solo a 20
años de trayectoria cinematográfica, sino a 60 años de personaje. Esta cinta llena
los que habían sido todos mis anhelos desde que Civil War incluyó al trepamuros
en el MCU, es la película en la que vemos crecer a Tom Holland, no solo como
Peter Parker, que deja atrás la dulce adolescencia que vivió bajo el ala protectora
del Hombre de Hierro, para sumergirse en la vida adulta, para rendir cuentas, como
Peter y como Spidey, sino que además creo que es la mejor interpretación que el
londinense ha regalado al público en toda su vida profesional.

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¿Pero podemos quedarnos en Tom Holland? Ni por asomo, y es que algunas de las
escenas más dramáticamente emotivas y soberbias de la película aparecen
capitaneadas por Zendaya que, como es habitual, y como si se trata de la propia
Melpómene, musa de la tragedia, no solo domina las tablas, sino que además
infunde fuerza, técnica y virtuosismo interpretativo a aquellos con los que las
comparte. Todo eso por no hablar de la veteranía que aportan villanos como Alfred
Molina o Willem DaFoe, y en relación a este último veo necesario que destacar
que, pese conocerlo ya de la primera entrega de Raimi y pese haber visto su faceta
más macabra en El Faro, en esta ocasión Willem consigue superarse a sí mismo y
hace que llegue a tenerle más miedo del que le he tenido estos últimos 20 años. De
Oscar.

¿Podría ponerme a divagar sobre aspectos técnicos de la película? Por poder sí,
pero citando a John Hurt en “Los Crímenes de Oxford”, de lo que no se puede
hablar, mejor es callarse. Así en este aspecto me limitaré a deciros que el guión
supera cualquier otro que hayamos visto en el MCU, ya que mantiene un nivel de
socarronería aceptable con un intimismo y una humanidad que prometo os llegará
al alma, muy acorde ya que estamos con el carácter del personaje, ya que si hay un
héroe de Marvel del que destacar su dualidad es Spider-man, siempre bromista y
chistoso, siempre con la pesada carga de no dejar de ser Peter Parker, aún con los
lanzaredes puestos.

Y esto último es, en parte, lo que hace que me vea obligado a ponerle la máxima
nota a NWH. Si hay un personaje que todos queremos de uno u otro modo es Peter
Parker. Peter Parker era Spider-man, pero no dejaba de ser Peter Parker. Tenía un
enorme poder, pero no dejó que eso lo cambiara, sino que, y pese a toda la mierd*
que tuvo que tragar en el instituto, siguió siendo nuestro buen amigo y vecino.
Tenéis drama, emoción, sorpresas, ilusiones y un broche de oro para la que tal vez
sea una de las mejores historias del Universo Marvel. Este espectador os
recomienda fervientemente dejaros sumergir en esta infinita maravilla en vuestro
cine de confianza, os lo merecéis.

Y ya que, y como diría V, esta vichyssoise de verborrea se está volviendo muy
verbosa, simplemente aprovecho estas últimas letras para mandar un mensaje a
Tom Holland, a Sony, Marvel y a todos y cada uno de los miembros del equipo de
Spider-Man: No Way Home en nombre de todos los Peter Parker de este mundo:
muchísimas gracias por todo.