Lon Chaney fue, junto al mismísimo Chaplin, el actor más reconocido y celebrado del cine mudo. Trabajó de forma incansable participando en más de ciento cincuenta películas en un período de dieciocho años (1913 – 1931).  Durante los cuales, con absoluta entrega y una dedicación artesana a la caracterización, construyó y encarnó a algunos de los personajes más paradigmáticos e influyentes de la etapa silente. Personajes muy dispares a los que les concedió rasgos característicos fundamentales.

Desde la base expresiva del villano clásico como Blizzard en El Hombre sin Piernas (1920), a la desgarradora emocionalidad de Alonzo en Garras humanas (1927) o la gestualidad tragicómica del monstruoso Erick en la primera adaptación de El fantasma de la ópera (1925). Ejemplos de sus roles más celebrados, muestras de su gran habilidad interpretativa y de su dominio del arte del maquillaje que le valió el apodo de “El Hombre de las Mil Caras” por sus extraordinarias caracterizaciones físicas.

Lon chaney make-up phantom
Lon Chaney con su inseparable maletín de maquillaje, antes y después de su caracterización de Erick, el fantasma de la ópera.

Con todo, como veremos a lo largo de este y de próximos artículos, su gran talento al interpretar antagonistas retorcidos y su obsesión por las historias de autosacrificio y amores no correspondidos le llevaron a conformar un imaginario común y reconocible en casi todos sus personajes por muy variopintos o excéntricos que estos fueran. Especialmente, junto al director Tod Browning con quien entabló desde sus inicios una fructífera relación creativa que le erigió como la primera estrella del cine de terror fantástico.

Lon Chaney London After Midnight
Lon Chaney en un fotograma de la película perdida «London After Midnight» (1925, Tod Browning).

Repasaremos, pues, una parte del legado cinematográfico de Chaney mostrando la evolución de su carrera en la industria que es, a su vez, la evolución del cine mudo hasta el sonoro. Desgranando algunas de las imágenes de los filmes que marcaron un punto de inflexión en su carrera desde By the Sun Rays (1914), la cinta más antigua que se conserva, hasta The Unholy Three (1931) su debut en el sonoro y última película.

 

ANTECEDENTES TEATRALES (1882-1912)

Evitando caer en el mero repunte biográfico, pues es algo que el propio Chaney detestaría, es necesario recalcar un par de aspectos de su vida anterior al cine para comprender su talento innato para la actuación.

Desde su más temprana infancia ya aprendió a hablar y transmitir con su rostro y sus manos antes que con la boca, pues sus padres eran ambos sordomudos. Desarrollando enormemente su gestualidad y su expresividad aspectos básicos para su posterior labor actoral en el cine mudo como él mismo reconoció:

Siento que las circunstancias en las que viví de niño me ayudaron mucho en la actuación. Si te paras a observar la próxima vez que veas dos o más sordomudos en una conversación, verás que recurren al lenguaje de señas, pero poco comparativamente hablando. Una mirada transmite todo un párrafo.” – Lon Chaney [1]

En 1896, en los albores del cine, Lon Chaney se subía a las tablas del teatro para actuar por primera vez en una función oficial. Pasaría gran parte de su infancia viendo, imitando y finalmente interpretando diversas obras. No obstante, además de desarrollar su habilidad actoral desarrolló en aquel período un fuerte sentido de la responsabilidad que mantendría durante toda su vida. Su familia pasó por un duro bache económico al enfermar gravemente su madre lo que le obligó a ponerse a trabajar a una edad muy temprana. Desempeñó varios oficios dentro y fuera del teatro apareciendo como extra en comedias y vodeviles. Comprometiéndose y realizando múltiples tareas además de actor como maquillador, asistente, encargado del vestuario, corista o tramoyista siempre esperando que volvieran a contar con él.

Young Lon Chaney
Chaney en su joventud (1907).

Actué en operetas cómicas cuando quería hacer dramas trágicos. Me sentía trágico, sombrío. No me reía y jugaba como los demás niños. Nací con un sentido de responsabilidad. No podía perder el tiempo. Así que bailé y actué, pero no por diversión. Porque era la única forma de ganarme la vida.” – Lon Chaney [2]

La inestabilidad de su vida y del mundo del espectáculo le determinaron a marcarse unas pautas de trabajo rigurosas y eficientes que mantendría en todos sus trabajos. Las metódicas preparaciones físicas, su incorporación de gestos definitorios en los personajes y el uso distintivo del maquillaje que luego explotaría ampliamente en el cine, hicieron que su carrera teatral progresara notablemente con los años. Pasando de ser extra o actor secundario a protagonista, director y coreógrafo. Su talento empezaba a ser reconocido, aun así, la recompensa económica era ínfima en comparación con el desgaste y el esfuerzo que suponía preparar cada actuación. Todo ello sumado a una nueva responsabilidad en su vida, mantener a un hijo, hicieron que, tras quince años y varias compañías teatrales a sus espaldas, Chaney decidiera embarcarse en la incipiente industria cinematográfica, concretamente en la Universal.

 

INICIOS EN LA UNIVERSAL (1913-1918): HOLLYWOOD EMERGE 

 Chaney llegó a Hollywood en 1913, cuando la industria del cine todavía estaba en pañales. No había un modelo de producción definido ni una base de normas o regulaciones a las que debieran atenerse actores y directores. Era un campo en expansión con oportunidades laborales brotando a cada esquina.

Apenas dos años antes, se había formado el primer estudio en una taberna situada en la esquina de la célebre Sunset Boulevard. Algunos directores como Cecil B. De Mille o D.W Griffith, buscando libertad creativa y terrenos para producir sus películas, comenzaron a establecerse igualmente en la zona.

La Universal Pictures se formó en 1912 con el propósito original de financiar económicamente a diversos productores cinematográficos independientes.

No obstante, la bonanza económica que vivió tras fusionarse con diversos estudios y la creciente demanda de películas la hicieron progresar rápidamente como productora. En el tiempo consiguiente, inició la construcción de un gigantesco estudio al otro lado de la colina de Hollywood. En el valle donde Griffith acababa de rodar las escenas bélicas de The Birth of a Nation (1915). La continua necesidad de asistentes y actores hicieron fácil la inclusión de Chaney en la Universal ofreciéndole la estabilidad laboral que buscaba.

La producción de películas del Hollywood primitivo, dadas sus limitaciones, era rápida y eficiente para cumplir con las exigencias de un público creciente. De esta forma y en apenas cinco años, Chaney participó en más de cien películas, muchas veces sin ser acreditado, en papeles menores o como figurante, pero a veces también como escenógrafo o asistente de dirección. En su mayoría cintas de corta duración limitadas técnica y presupuestalmente a un carrete:

En aquella época, alternaba entre comedias y westerns de un solo carrete en la Universal. Rodábamos las películas en dos días o una semana. Debo haber estado al menos en cien.” – Lon Chaney. [2]

Por desgracia la gran mayoría de sus películas de este periodo están perdidas. La cinta más antigua que se conserva de los primeros trabajos de Chaney es “By The Sun Rays” de 1914. Un western donde interpreta a un empleado de una mina de oro que se alía con unos bandidos para robar los cargamentos, pero cuyos planes se ven frustrados por un sheriff de la zona. Es una cinta típica de la época construida en su mayoría con planos generales fijos y sin continuidad.

Sin embargo, ya se aprecia la expresividad magnética de Chaney, pues la cinta se narra casi toda visualmente, al apoyarse solo en nueve intertítulos situacionales. Por ejemplo, en una escena muy breve donde debe robar el calendario de los envíos de oro sin que se enteren sus compañeros de trabajo.

Chaney lanza miradas de reojo entre nerviosismo y odio. Tocándose los labios y haciendo ademanes continuos crea una atmosfera de suspense en la escena solo a partir de su actuación. Además, el encogimiento postural que añade le da un toque siniestro al personaje que encaja con su carácter pérfido.

Fotogramas Lon Chaney by The Sun Rays
Lon Chaney robando disimuladamente en una escena de “By the Sun Rays” (1914)

Ciertamente, las facciones marcadas del rostro de Chaney y su mirada siniestra lo llevaron a interpretar continuamente este tipo de papeles antagonistas de villanos de toda clase.  Aunque sus interpretaciones eran buenas su carrera se estaba estancando precisamente por el encasillamiento de los papeles y las producciones que le ofrecía la Universal. Entonces, en 1918, tomó la decisión de convertirse en actor freelance desligándose de cualquier vinculación permanente con los estudios. Renunciando a su estabilidad para tratar de dar un paso adelante en su carrera y asegurarse cierta independencia en sus roles. Una decisión tremendamente arriesgada sobre todo en una época donde comenzaba a imponerse el star-system y el control de las distribuidoras y financieras era absoluto.

 

FREELANCING: LOS MILAGROS Y LA DISCAPACIDAD (1918-1920)

Tras varios meses desempleado Chaney se salvó de la miseria gracias a William S. Hart, un actor y director de westerns que le abrió camino con el filme Riddle Gawne (1918) [3]. Un western del que, lamentablemente, no se conserva casi ninguna escena, pero que fue un éxito de crítica y público que le valió a Chaney para promocionar su talento y obtener un papel clave como protagonista absoluto en la película The Miracle Man (1919). Donde encarna al líder de una pandilla de bandidos que urde un plan para engatusar a unos pueblerinos crédulos. Se hará pasar por lisiado y se curará milagrosamente delante de ellos con la ayuda de un curandero que le sanará «milagrosamente».

Solo se conservan dos minutos de esta cinta. Afortunadamente, se trata de la escena climática donde se pone a prueba el plan.

 

Comienza con un plano general que nos pone en situación como buena película clásica. Vemos a los pueblerinos observando como Chaney, fingiendo ser lisiado, se arrastra hacia el curandero para ser sanado. En el centro, delante de todos ellos, un niño con muletas verdaderamente lisiado observa atentamente. El mecanismo dramático. Cambiamos a un plano medio, en el interior de la casa del curandero, donde una de las secuaces de la banda observa la escena y nos lleva a otro plano desde el interior.

Vemos al curandero de espaldas y a los pueblerinos expectantes. Tras un primer plano del curandero mirando hacia el cielo y profiriendo unas palabras en busca del milagro divino, volvemos al plano general y vemos a Chaney retorciéndose. Tiene un espasmo y articula grotescamente tratando de levantarse.

El montaje genera una continuidad y aumenta la intriga y la expectación intercalando planos de gente que mira con evidente emoción en los ojos como sucede todo. Como un elemento espejo estimula al verdadero espectador, nosotros.

Chaney consigue levantarse al fin con mucho apuro, el realismo de su actuación es sorprendente. Mueve sus extremidades como si estuvieran atrofiadas desde hace tiempo, las recoloca, se recoloca y, finalmente, se alza. Una mujer se desmaya en otro plano intercalado. Falsa catarsis, el milagro impostado se ha consumado.

El curandero sigue con la plegaria y Chaney abre los brazos y se arrodilla a sus pies en señal de agradecimiento. El niño lisiado del principio sonríe maravillado. Se acerca al curandero buscando su propia sanación milagrosa mientras sigue con las plegarias. Convencido de su poder, el niño tira una muleta y avanza cojeando algunos pasos. Tensión dramática, el plan de Chaney se va a desmoronar ante la desgracia de un pobre niño. Con un plano medio frontal el mismo niño se decide a tirar la otra muleta quedándose sin apoyo y con las piernas cruzadas. No parece sostenerse, pero se reincorpora y, entonces…  comienza a andar.

Un milagro verdadero se sobrepone al milagro falso. Chaney se queda obnubilado. El niño pasa ahora de andar a correr hacia el curandero en el último plano. Un plano conjunto de composición religiosa, con el niño abrazando al curandero que le acaricia la cabeza mientras mira hacia el cielo y Chaney, de rodillas, admirándolos cual figuras divinas.

The Miracle
Un plano conjunto con composición triangular en el centro destacada como motivo religioso (trinidad).

Llegamos a la catarsis verdadera.

Esta escena es un ejemplo primitivo, pero brillante del lenguaje cinematográfico que sistematizó Griffith a partir de The Birth of a Nation (1915) y que proliferó en las producciones de Hollywood hasta perfeccionarse en las décadas venideras. Dejando atrás la autarquía en los planos y buscando siempre la máxima transparencia en la narración visual.

Esta película supuso un punto de inflexión en la carrera de Chaney. Su actuación fue muy alabada por la crítica. Además, fue un éxito comercial absoluto convirtiéndose en el film con mayor recaudación del año. Los productores de los grandes estudios comenzaron a ver en Chaney a una futura estrella absolutamente rentable. Reconociendo y explotando su talento para la caracterización física. Por ello, la temática del falso lisiado se reanudaría en otras películas posteriores como Flesh and Blood (1922) o The Black Bird (1926).

Lon Chaney en «El hombre sin piernas» (The Penalty, 1920)
Cartek Blackbird
Cartel promocional de «The Blackbird»(1926)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque sería la discapacidad real lo que definirá a sus personajes más destacables. Especialmente, en El hombre sin piernas (The Penalty, 1920) como veremos en el próximo artículo explorando sus primeras incursiones en el terror y la tragedia.

BIBLIOGRAFÍA

[1] COLLIER, Kevin. Lon Chaney in his own words CreateSpace Independent Publishing Platform, 2017, Extracto de entrevista, p.9

 

[2] COLLIER, Kevin. Lon Chaney in his own words CreateSpace Independent Publishing Platform, 2017, Extracto de entrevista, p.6

 

[3] BLAKE F., Michael. A thousand faces: Lon Chaney Unique Artistry in Motion Pictures, Vestal Press, Indiana University, United States, 1995, p. 41-42.