Tras un primer artículo sobre sus inicios y uno segundo sobre su consagración artística, llegamos, finalmente, a la tercera y última parte de esta particular revisión del actor Lon Chaney. Esta vez nos centraremos en su relación creativa con el maestro del terror freak Tod Browning y llegaremos al desenlace tristemente abrupto de una carrera sin igual.

 

JUNTO A TOD BROWNING: LOS BAJOS FONDOS Y EL TERROR FÍSICO (1920-1929)

Tod Browning trabajaba en el circo como contorsionista y showman hasta que en una de sus giras conoció a D. W. Griffith y decidió probar suerte en el cine. Sus experiencias en el mundo circense, no obstante, le acompañarían siempre siendo una temática recurrente en su filmografía. Comenzó su carrera interviniendo como extra en la mastodóntica Intolerancia (1916) donde también asistiría como decorador y escenógrafo. Aunque sus aspiraciones le llevaron rápidamente a dirigir sus propios metrajes en la Universal donde se encontraría con Chaney y rodaría The Wicked Darling (1919) una de sus primeras películas. Su dúo creativo sería tremendamente fructífero colaborando hasta en diez ocasiones en apenas once años.

Tod Browning y Lon Chaney.

Con The Wicked Darling iniciarían una primera etapa menos reconocida en la carrera de ambos centrada en la temática de los bajos fondos y el mundo del crimen.                  En 1920, rodarían juntos Outside the Law, un melodrama sobre una pareja de criminales donde Chaney interpretaría dos papeles haciendo gala de su capacidad camaleónica. El primero de antagonista, de nuevo, un líder de los bajos fondos y el segundo, más minoritario, como un estudiante oriental de la doctrina confuciana.

Chaney como un gángster en «Outside the Law» (1920)
Chaney como un estudiante oriental en «Outside the Law» (1920)

Este último papel se explica por la intención de muchos estudios de incluir elementos exóticos para aportar variedad a argumentos manidos y simples. La popularidad del barrio de Chinatown llevó a muchos actores caucásicos a interpretar personajes asiáticos. El racismo inherente en la sociedad americana de la época hacía impensable que un auténtico asiático tomara un papel principal. Similar a los blancos que se pintaban la cara para interpretar a personajes negros. Como excepción tenemos al magnífico Sessue Hayakawa quien se valió de su atractivo físico para derribar las barreras raciales.

En cualquier caso, Chaney repetiría frecuentemente este tipo de roles obteniendo bastante popularidad y llegando a realizar un protagónico específico en Mr. Wu (1927).

Cartel original de «Mr. Wu» (1927)

Siguiendo con la etapa de los bajos fondos, es interesante ver las primeras películas del tándem Browning-Chaney como un precedente al cine de gángsters. Outside the Law  explora el mundo de los suburbios y el contrabando centrándose en las rivalidades entre bandas y sus complots criminales.

Estas primeras incursiones se fueron limitando en su exposición realista por la aparición de códigos de censura en Hollywood. Impuestos con tal de mejorar la imagen de la industria tras los muy sonados escándalos a principios de los años veinte. La llegada de la censura que se formalizaría y se endurecería en los años treinta con el infame código Hays obligó a los creadores cinematográficos a replantear narrativas e inventar nuevas formas.

Browning, jugaría siempre al límite de lo censurable, creando argumentos muy retorcidos para expresar sus obsesiones y reivindicaciones por los físicos no normativos.

LEER MÁS  Bienvenido Mr. Zombi

Aunque ese aspecto se mantuvo latente hasta El trío fantástico (The Unholy Three, 1925), punto de inflexión de su filmografía, donde Browning comenzaría a desmarcarse de los clisés genéricos imprimiendo una visión más personal y edificando los cimientos de su estilo.

Como no podía ser de otra forma, el protagonista absoluto de esta transición es el mismísimo Chaney que respondería a esta vertiente autoral con sus más logradas actuaciones. En El trío fantástico (1925) encarna a un ventrílocuo transformista que tras el cierre del circo en el que trabaja, urde un excéntrico plan para robar unas joyas junto a sus compañeros artistas, un enano y un hombre forzudo. Además de la colaboración de Rosie, una ladrona de la que Chaney y el hombre forzudo están enamorados componiendo un triángulo amoroso que llevará a Chaney a sacrificarse una vez más.

Imágenes del grupo protagónico de «The Unholy Three» (1925)

Un argumento clásico de robos y criminales como los que venía realizando Browning transfigurado, sin embargo, por una singular muestra sobre la marginalidad y la separación que sufren las personas con diversidad funcional. Centrada en la figura de Hans (Harry Earles), el enano, que al no soportar más la vejación y los insultos a los que es expuesto continuamente en sus apariciones circenses, ataca al público, provocando un escándalo que acaba con la clausura del circo y la consiguiente trama criminal. Más tarde,  contando también con Harry Earles como protagonista, Browning mostraría la marginalidad física en todo su esplendor y sin reticencias en Freaks (1932), la cual ya analizamos en este otro artículo,.

Por ello, nos centraremos en Garras Humanas (The Unknown, 1927) la que, sin  duda, es la película más representativa y celebrada de la segunda parte de su carrera con Chaney. Y ahora sí, atención spoilers porque vamos a destriparla a fondo.

Se trata  de una historia fantástica de terror físico en escenario circense. Ya desde la primera escena notamos el toque freak del Browning más auténtico. En un circo de gitanos, situado nada más y nada menos que en Madrid, se nos presenta un espectáculo bizarro. En este vemos como Chaney interpretando a Alonzo el hombre sin brazos lanza cuchillos con los pies y dispara perdigones que van desvistiendo a Nanon, una jovencísima Joan Crawford, en un inicio absolutamente surrealista y onírico.

Fotogramas del inicio de «Garras Humanas» (The Unknwon, 1927)

Nanon no soporta que los hombres la toquen, tiene fobia a los brazos y por eso se siente muy bien con Alonzo. Él está profundamente enamorado de ella. Sin embargo, reprime sus impulsos amorosos porque oculta un secreto. Browning nos revela este secreto con una escena doblemente sorprendente.  El asistente de Alonzo, Cojo, le ayuda a desatarse lentamente el corsé generando una extraña tensión.  Entonces, vemos que… ¡tiene brazos! La temática del falso lisiado aparece nuevamente, pero la impresión se redobla cuando vemos que además de dos brazos posee dos pulgares en una sola mano.

Fotogramas de «Garras Humanas»

Este elemento jugará un papel narrativo central pues es la marca física distintiva que deberá ocultar toda la película, de la policía y de Nanon. La frustración física y la represión amorosa y sexual le llevará al extremo de la locura. Una locura que se transmite al espectador gracias a la formidable carga emotiva de la actuación de Chaney.

LEER MÁS  CronoCine 2x03: ¡Olvídate de mí!

Lo vemos claramente en una escena donde discute su problemática con su asistente. Chaney, sin el corsé puesto, debe expresar visualmente su desesperación mental solo a través de las expresiones faciales. Primero, su rostro revela una melancolía profunda. Utiliza los pies olvidando que tiene los brazos libres y se enciende un cigarrillo. Cuando su asistente se lo recuerda se sorprende y comienza a abrir los ojos. Los abre ampliamente como si hubiera tenido una revelación y esboza una sonrisa siniestra. Luego, le brotan las lágrimas con una expresión de alivio malsano. Mira a su asistente con alegría y comienza a hablarle, le cuenta algo que no oímos, pero que ya intuimos y su mirada se pierde en la distancia mientras fabula la ejecución de una decisión macabra.

La evolución expresiva de Chaney en «Garras Humanas»

El asistente se asusta y le advierte “No, Never do that”. Pero Alonzo ya está decidido. Se amputará ambos brazos en una operación quirúrgica clandestina para poder casarse con Nanon. Lo que no sabe es que Nanon superará su fobia por los brazos y se enamorará de Malabar, el hombre forzudo del circo mientras él está fuera. Todo ello, provoca un desasosiego y una tensión dramática brutal que nos conduce al clímax emocional de la película. Cuando Alonzo vuelve con los brazos amputados decidido a confesarle su amor y pedirle matrimonio a Nanon.

La evolución expresiva en el rostro de Alonzo cuando ella le explica que se va a casar con Malabar es apabullante.  Comienza entre la sorpresa y el miedo para pasar a reír de forma demencial cuando Nanon le cuenta alegremente que ahora no puede vivir sin brazos. Todos empiezan a reír imitando a Alonzo, pero él está tratando de contener las lágrimas. Las palabras de Malabar reconociendo que el consejo envenenado de Alonzo («abrázala fuertemente») le había ayudado a conquistar a Nanon son demoledoras. Llevándolo de la consternación a la ira y finalmente al desmayo.

Imágenes como la de Malabar abrazando a Nanon mientras esta le acaricia los brazos, adquieren un significado tan cruel y retorcido que producen terror y malestar por lo físico. La fuerza cinematográfica del tándem Browning-Chaney en su máxima expresión.

La obsesión por la fisionomía retorcida del primero combina a la perfección con la poesía corporal de las interpretaciones del segundo. Por otro lado, la temática del amor fatalista vuelve en su expresión más extrema, pues como vemos, Alonzo es un personaje absolutamente romántico masoquista. Su autosacrificio no tiene límites y le acabará llevando a la muerte.  Esta temática del autosacrificio amoroso y la renuncia se repite continuamente en mayor o menor medida en su filmografía constituyendo un rasgo definitorio de sus mejores personajes. Sobre ello, cedo la palabra a Chaney:

Quería recordarle a la gente que los tipos más bajos de humanidad pueden contener dentro de sí la capacidad del supremo auto-sacrificio. El enano, mendigo y desgraciado de las calles puede albergar los ideales más nobles.”

Lon Chaney on His Own Words, p.11

 

CONCLUSIÓN: EL HOMBRE QUE DESEABA AMAR (1929-1930)

Con el advenimiento del sonido a finales de los años veinte, muchos actores y actrices del cine mudo comenzaron el ocaso de sus carreras. En 1929, solo dos actores silentes mantenían sus cotas de popularidad, el primero Charles Chaplin y el segundo el mismísimo Lon Chaney que ese mismo año era votado “Estrella masculina más popular” por los exhibidores de cine.

LEER MÁS  CronoCine 4x01: El Indomable Will Hunting

Careciendo del sex-appeal de galanes como Douglas Fairbanks o Rodolfo Valentino y de la simpatía cómica de Keaton o el mismo Chaplin parece inaudito que llegara a las mismas cotas de popularidad que ellos. Algunos historiadores apuntan a la disparidad de roles y al gran uso del maquillaje como gran atrayente. Sin embargo, como hemos visto, es puramente la naturalidad carismática de su actuación lo que ganaba al espectador. Por muy patéticos o grotescos que fueran los personajes que interpretaba siempre los dotaba de una fuerte emocionalidad. Llevada por la gran temática común del autosacrificio amoroso, entre lo trágico y lo heroico, generaba una gran carga emocional y despertaba la empatía del público.

Gracias a ello, Lon Chaney, se erige como uno de los actores más talentosos y versátiles del cine mudo. Un cine que como Chaplin se negó a abandonar porque el sonido “acababa con el misterio y la universalidad”.

Aunque se adaptó perfectamente cuando le llegó el momento. Su debut en el sonoro y su última película fue The Unholy Three (1930).   Reinterpretando su papel de ventrílocuo criminal de la película homónima de 1925 que hemos abordado antes. En esta nueva versión, realiza multitud de voces y registros aprovechando toda la potencialidad del sonoro. Voces femeninas y masculinas, ancianas y juveniles. Una entrega física sorprendente, no por un maquillaje exigente, pues esta vez el maestro actúa prácticamente “al desnudo”, sino porque sufría un cáncer de garganta que le acabaría dejando mudo y le causaría la muerte poco después de acabar la película. Como bien apunta el académico Carlos A. Cuéllar “la triple ironía del destino al nacer en un entorno mudo (padres sordomudos), actuar en el cine silente y morir sin voz.”

Quisiera terminar, por ello, con el final original de la versión muda de esta última película. Donde Chaney se despide, por última vez, de la mujer a la que ama utilizando el muñeco de ventrílocuo que da voz a sus sentimientos. La chica llora, por fin, el amor parece correspondido, pero el destino les separa.

Chaney, después de la fatalidad, debe seguir con el show, pues es un artista y ya llega su público. El muñeco se aferra a su pecho. La gente, ajena a su desgracia, le observa. Entonces Chaney se levanta y entrega la frase que despide la película, su carrera y este artículo:  “That’s all there is to life, friends… a little laughter…a little tear

Bibliografía

ANGULO, Jesús. El gángster de las mil caras. Nosferatu. Revista de cine., 1998, no 27, p. 6-10.

BLAKE F., Michael. A thousand faces: Lon Chaney Unique Artistry in Motion Pictures, Vestal Press, Indiana University, United States, 1995.

COLLIER, Kevin. Lon Chaney in his own words, CreateSpace Independent Publishing Platform, 2017.

CUÉLLAR, Carlos A. Lon Chaney: poeta físico de lo fantástico. Banda aparte, 1998, no 11, p. 48-51.